Lo más visto

En el aula permanente

Hoy, 22 de junio, es Día del Maestro. Cada vez que llega esta fecha, la pantallita mental se me llena de imágenes evocativas, y tan vibrantes como si estuvieran ocurriendo ahora mismo.
Enlace copiado
Enlace copiado
 Allá, en mi Colegio García Flamenco, ubicado entonces en la 8ª. Calle Poniente, cuadra y media al occidente del Cine Apolo, cada 22 de junio había un acto para celebrar a los maestros en funciones. Se daban palabras institucionales y también participábamos los estudiantes. A los 12 años estaba yo en Primer Curso y ya hacía mis primeros intentos literarios; escribí entonces, y en referencia a la misión magisterial, un poema que don Saúl Flores, el maestro insuperable, publicó en su Página Pedagogía y Educación, que salía en el Diario Latino. Y en tal ocasión, me obsequió un ejemplar empastado de su libro ya clásico “Lecturas Nacionales de El Salvador”, en edición extraordinaria con motivo del 50º. Aniversario de vida profesional de don Saúl. No me resisto a reproducir la dedicatoria con la que don Saúl me entregó el libro, porque implica un compromiso de vida: “José David: Sus bellas palabras las guardo en mi corazón. Su conducta, su aplicación y su aprovechamiento son motivo de honda satisfacción para sus maestros que lo queremos y apreciamos. Reciba este pequeño recuerdo con todo mi cariño. Su maestro Saúl Flores”. Ese ha sido uno de los mejores regalos que me ha concedido la Providencia.

Lee también

Comentarios