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En el día de nuestros inolvidables difuntos

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A todos los acompañamos en su resignación por sus queridos seres difuntos, cuyas tumbas y mausoleos estarán vistosos cubiertos de flores de diferentes clases y colores, este 2 de noviembre. Por muchos sentimientos de la que fue su vida, año con año, concurrimos a los diferentes cementerios; unos alegres, otros tristes; a manifestar que en nuestros corazones está la llama de los recuerdos.

La Santa Biblia nos relata que Jesús les dijo a los judíos: “Yo me voy, y me buscareis; pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir. Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra no conocerá muerte, porque el que cree en mí para siempre vivirá”.

Existen muertes naturales; otras, producto de la vejez, por enfermedades terminales; pero en nuestro querido El Salvador, las muertes violentas por asesinatos inaceptables e irracionales realizadas por cafres criminales aumentan el porcentaje de difuntos y en consecuencia el desamparo de muchas familias. Le rogamos a nuestros hermanos en Cristo: ya no quites la vida que Dios nos ha regalado.

Antes de escribir estas líneas, Dios me hizo sentirme un resignado, igual a mis demás familiares, por el deceso de una tía a quien consideré como mi madre. Aun con el pesar, me esperaba el bolígrafo que había dejado sobre la página de este artículo, para culminarlo. Les digo: Dios nos tiene un lugar celestial, allá en su reino; para descansar en paz. ¡Resignación y bendiciones!

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