En el mes del Día Internacional de la Mujer

Nuevamente diversas entidades se hacen presentes con materiales escritos, verbales, televisivos, etcétera, para sublimizar a la mujer, poniendo de manifiesto el coraje, el poder de decisión y el buen tino de mujeres que han brincado barreras de manipulación, intereses mezquinos y violencia...
Enlace copiado
En el mes del Día Internacional de la Mujer

En el mes del Día Internacional de la Mujer

En el mes del Día Internacional de la Mujer

En el mes del Día Internacional de la Mujer

Enlace copiado
Pero apartando las iniciativas encaminadas a velar por la mujer, líricamente me he asomado por las celosías de mi alma –alma entre otoñal, coqueteándole a la juventud pero caminando de soslayo hacia las edades de oro–, para ver pasar a varias mujeres y las cosas no mejoran: hay bulla, unas ponen denuncias, otras quieren hacerlo; otras pelean diciendo que ya pasaron los tiempos de la esclavitud, exigiendo equidad; unas aún respiran, otras están muertas. Como físicamente somos débiles, predomina la fuerza bruta para someternos en grotescos show frente a los hijos.

En hogares solo con mamá, esta, amargada, se desquita con los niños gritándoles, dejándolos solos o peligrosamente acompañados, no atendiéndolos, no besándolos ni diciéndoles que los aman...

Y como el paso del tiempo, de pronto ya no son niños sino adolescentes aquellos angelitos de alas rotas... Pasa el tiempo, esa mamá, con nuevos líos, otros hijos, por fin regresa, siempre desubicada queriendo guarecerse en la casa que edificó sobre arenas... Los hijos ya son adultos y hoy la señora “quiere de limón”, pretendiendo cosechar donde no sembró; retratándose una vez más como carente del valor, ejemplificación, fortaleza, dulzura y amparo de la madre ideal.

Es comprensible el fracaso de una mujer muy jovencita: no se graduó, tuvo un hijo y vivió como mantenida. Pero que ya golpeada se acomode a la pobreza y a la mediocridad, y de ribete le guste el vacilón, es imperdonable.

No alcanzarían las entidades Pro-Mujeres del mundo, si las mujeres no se ponen serias y se valoran, levantando del suelo su autoestima, contemplando a sus niños y diciéndose: ¡Hasta aquí; a mí no me vuelven a golpear; seré responsable por mis hijos; no seremos más mantenidos; hoy decido crecer y empoderarme como mujer y como madre!

El Salvador está sufriendo un “karma de naciones”, con mujeres incluidas. El Altísimo hace un trabajo fino y minucioso para irnos colando en el zarandeo diario, a fin de preservarnos del mal... Es hora de que las mujeres –tan sufridas y tan cristianas–, como matriarcas y voces primarias del hogar –sin irrespeto a la autoridad del esposo y padre de familia–, pongamos en marcha un plan de vida familiar, donde haya prudencia, valores y Dios al centro.

Que las jovencitas aprendan a conducirse, a elegir sus amistades, a aprovechar las oportunidades y a no repetir la historia. Que las grandes adviertan sobre los peligros y además enseñen a varones y hembras que no tienen que generar ni aguantar violencia alguna; que se hable mucho de la tolerancia en el buen sentido de la palabra, y del mutuo respeto por sobre todo.

Las primeras en valorarnos debemos ser nosotras; el amor es para ser felices, no para sufrir, traumatizarnos y hacernos famosos en el vecindario por los shows que montamos. Se puede soportar la pobreza, las enfermedades y los casos fortuitos, pero nadie está obligado a soportar ultrajes verbales, físicos, sicológicos ni sexuales. Los límites y un “hasta aquí” los pone cada cual.

Mujeres salvadoreñas: ¡que el Señor las bendiga y les ilumine el sendero de sus vidas!

Lee también

Comentarios

Newsletter