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En el país de las falacias, cualquier tuerto es rey

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En el país de las falacias, cualquier tuerto es rey

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La perspectiva académica explica que la falacia es una idea con un razonamiento aparentemente correcto, verdadero y transparente, pero en realidad es todo lo contrario. Las falacias esconden siempre argumentos erráticos, falsos y mañosos, con planteamientos seductores que parecen válidos pero no lo son, pues como recursos discursivos muchas veces perversos, expresan ideas de forma intencional bajo la retórica del embuste para persuadir, manipular y engañar a los incautos pueblos.

En El Salvador, desde hace 32 años, periódicamente, la falacia se fue entronizando como recurso propagandístico habitual y corriente en cada proceso electoral. Y los partidos políticos de antes como del presente la han convertido en un hecho cultural, al recurrir en cada campaña a esta herramienta para envolver y maquillar con propuestas propagandísticas falsas, promesas activadoras de optimismo y esperanzas de bienestar, progreso y felicidad común que nunca terminan de llegar a los salvadoreños.

Por más de tres décadas se nos ha vendido con eslóganes propagandísticos de unos y otros tantas falacias llamadas pajas en lenguaje popular, que terminaron por debilitar nuestras ilusiones y expectativas de "Cambiar para mejorar", de contar con "Más y mejores empleos", de esperar que "Lo mejor está por venir", que "Naciera la esperanza y viniera el cambio", que "Gobernando con la gente" hasta llegar a la amenazante frase de "Devolver lo robado" como bandera de lucha. Toda una serie de conceptos que solo han sido saga propagandística de decepcionantes frustraciones, pues el presente como el futuro del país sigue cubriéndose con el manto de la demoledora incertidumbre en muchas áreas de la vida patria.

A 32 años después de la guerra civil, El Salvador y los salvadoreños, en términos de evolución, progreso, desarrollo social y crecimiento económico, no hemos cambiado ni mejorado gran cosa. No nos engañemos. La creciente pobreza, la agobiante deuda pública, la indetenible expansión de las maras, del crimen común y organizado, la descarada corrupción, el galopante desempleo, la desesperada emigración, el atrofiamiento de la institucionalidad, el debilitamiento del Estado de derecho y tantos otros males actuales, nos siguen presagiando que lo peor está por llegar.

Desde que las falacias se hicieron rutina en el ámbito político nacional, se dio pie a la intrusión de una mafiosa, ignorante y atrevida generación de politiqueros inmorales de diferentes colores que han convertido la corrupción en "chapupa oficial", beneficiándose impunemente del dinero de la hacienda pública, sin tener méritos, referencias morales ni tampoco conocimientos, capacidades y experiencias mínimas para conducir los asuntos del Estado y resolver los problemas del país, algo indignante para una sociedad agobiada como la nuestra.

Pero lo más trágico a resaltar en este contenido es que a la par de la escalada de falacias, corrupción e incapacidad política, se le une la profunda indiferencia social. Y esto sí es un mal peligroso porque como reza un pensamiento: No se hace un país diferente con gente indiferente.

En el país de las falacias cualquier tuerto es rey. Y soplan rumores que como la corrupción estatal es negocio, hay varios tuertos politiqueros acariciando el sueño de querer convertirse en reyes del país. Dios nos guarde.

Para el escritor rumano Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz, hay sociedades compuestas por delincuentes, víctimas e indiferentes.

Tags:

  • falacia
  • tuerto
  • indiferencia social
  • propagandístico
  • politiqueros

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