Lo más visto

En el país hay que generar oportunidades verdaderas no simples expectativas improvisadas

En estos tiempos que corren el tema de las oportunidades se ha venido posicionando de manera expansiva en todos los ambientes
Enlace copiado
En el país hay que generar oportunidades verdaderas no simples expectativas improvisadas

En el país hay que generar oportunidades verdaderas no simples expectativas improvisadas

En el país hay que generar oportunidades verdaderas no simples expectativas improvisadas

En el país hay que generar oportunidades verdaderas no simples expectativas improvisadas

Enlace copiado
En estos tiempos que corren el tema de las oportunidades se ha venido posicionando de manera expansiva en todos los ambientes, y dicho posicionamiento está umbilicalmente vinculado con otro fenómeno que es muy propio de la época en vigencia: el de la juventud que deja de ser factor complementario y está pasando a ser componente revitalizador. En otros tiempos los jóvenes eran una especie de conglomerado dependiente de los adultos sobre todo en la definición de los destinos futuros: en la actualidad los jóvenes no sólo se posesionan cada vez más de su propio rol sino que inciden crecientemente en la forma de ser y de funcionar de sus respectivos ambientes tanto sociales como comunitarios.

En ese marco de nuevas realidades humanas lo que se impone es el imperativo de gestionar la propia vida desde muy temprano, conforme a las capacidades y a las voluntades correspondientes. El término “oportunidad” salta entonces de inmediato, con todos los apremios imaginables. Esta es una realidad que no sólo no es negable sino que no es esquivable. Y así vamos viendo cómo la creación de oportunidades se ha vuelto un reto cotidiano no sólo para los gobiernos sino también para las estructuras sociales de la más diversa índole. En lo que se refiere específicamente a la política, como la juventud tiene incidencia expansiva en las decisiones populares y hace presión mayor sobre el desempeño de los poderes establecidos, ignorar a los jóvenes sería una actitud casi suicida, a la que cada vez menos se exponen.

Pero el reto no sólo es de sumarse a la tendencia prevaleciente sino de comprometerse en forma programática con las respuestas eficaces. Y en tal sentido lo que se precisa es que la promoción de oportunidades no sea un juego de imágenes sino una oferta realizable. Hay que dejar claro que las oportunidades van de la mano con el desarrollo. Es decir, no se puede hablar de oportunidades con la sinceridad y el realismo que tal término demanda si la economía no crece en las dimensiones pertinentes y la población no se incorpora efectivamente a dicho crecimiento. En otras palabras, las oportunidades sólo son tales y se comportan como tales en los hechos de la vida cotidiana cuando la realidad les da sustento y ellas responden a las necesidades propias de esa realidad.

A los individuos, y muy en especial a los jóvenes que apenan van entrando en los espacios de una eventual autorrealización personal, las oportunidades les deben ser al mismo tiempo una invitación y un desafío. No se trata de facilitar nada, sino de posibilitarlo todo, porque al final de cuentas las oportunidades cada quien tiene que ganárselas por su cuenta y riesgo. Eso es lo que está en el arranque motivador de todo ejercicio de emprendimiento, como ahora se dice. Si se hace un recuento de las experiencias empresariales y profesionales significativas y exitosas en cualquier parte lo que queda democtrado es que cada quien, como dice el verso famoso, es arquitecto de su propio destino. Lo que el ambiente y la sociedad tienen que proveer para que se dé la proliferación virtuosa es la bolsa de opciones y los acompañamientos que viabilicen la opción escogida.

La dinámica socioeconómica tiene que ponerse en línea con el ejercicio políticoinstitucional a fin de que todas las piezas del rompecabezas vayan ajustándose a lo que las condiciones reales exigen para que las oportunidades proliferen. Y en la medida que tal proceso se hace valer se van viendo las oportunidades de las oportunidades, en multiplicación vigorizante.

El país necesita entrar en este juego de creatividad imaginativa y de fecundidad psicosocial interactuantes. Las condiciones están dadas, y lo que en verdad se necesita es que las proyecciones conducentes vayan tomando cuerpo.

Lee también

Comentarios