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En el tema de las pandillas hay que poner a la vez apertura y responsabilidad

Le damos a este esfuerzo el beneficio de la confianza, sin desconocer que hay múltiples riesgos por evitar y muchas inconsistencias por superar.
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<p>Como lo manifestamos desde el primer momento en que salió a la luz el sorpresivo acuerdo de las principales pandillas para dejar de matarse entre sí, se están dando en este campo novedades que no deben ser tomadas a la ligera ni quedar sitiadas por el escepticismo absoluto. Desde luego, la incredulidad es comprensible, sobre todo porque este hecho surgió rodeado de muchas explicaciones a medias, que alentaron las dudas. Sin embargo, y pese a que ha habido también datos diversos sobre los resultados concretos de dicha tregua, lo cierto es que ésta no se ha roto desde que se anunció, y las estadísticas de muertes violentas han venido a la baja.</p><p>Es claro que la intrincada problemática antisocial y delincuencial del país no se puede resolver de manera inmediata y voluntarista; pero también es cierto que se trata de un fenómeno de alta complejidad, cuya naturaleza escapa a los simplismos con que se le ha querido enfrentar desde las estructuras institucionales. Tal naturaleza requiere que se aplique mucha creatividad a los tratamientos y a las eventuales soluciones. Específicamente en lo que se refiere a las pandillas o maras, ya está visto y comprobado que los esquemas rutinarios no sólo no funcionan, sino que tienden a ser contraproducentes en los hechos.</p><p>El Gobierno reitera que no está dispuesto a negociar con los grupos pandilleros y sus liderazgos. Tal posición es comprensible, porque se trata agrupaciones que se han puesto al margen de la ley. Sin embargo, la misma originalidad sociocultural del fenómeno da pauta para intentar tratamientos alternativos, que pueden ser liderados por otros actores del drama social. </p><p>En el caso del pacto entre pandillas, un obispo católico y un antiguo miembro del movimiento guerrillero han asumido la conducción de la iniciativa, que, por los resultados tenidos hasta hoy, sin duda merece ser observada con mucha atención y acompañada con espíritu positivo.</p><p>El hecho está tomando suficiente relieve como para que el mismo Secretario General de la OEA haya venido al país a constatarlo directamente, y a darle su aval al esfuerzo que lo ha hecho posible. Esto es en sí una señal de que por ahí hay un camino que pudiera llevar a conclusiones ejemplarizantes no sólo interna sino también internacionalmente. Como se puede comprobar a cada paso en el desenvolvimiento de las diversas dinámicas globales, estamos en un mundo en el que hay que aplicar enfoques novedosos que permitan diagnósticos que también lo sean, en función de soluciones acordes con las características de los tiempos.</p><p>Desde luego, como sugerimos en el título de este Editorial, no se trata de caer en la extravagancia o en la gratuidad, sino de ser creativos con apertura y con responsabilidad. Las sociedades, y en este caso la nuestra, no son entidades planas y simples, sino organizaciones complejas y multifacéticas; y por consiguiente las problemáticas que se van manifestando en el seno de las mismas no admiten el simplismo fácil ni la fragmentación rutinaria. Hay que atreverse a intentar lo nuevo, porque lo humano, para bien y para mal, nunca se queda estático. Una situación como la comentada es un claro y dramático ejemplo de ello.</p><p>Le damos a este esfuerzo el beneficio de la confianza, sin desconocer que hay múltiples riesgos por evitar y muchas inconsistencias por superar. Ojalá que este experimento salvadoreño llegue a convertirse en un referente exitoso, que pueda servir en nuestro caso y en otros semejantes.</p><p>&nbsp;</p>

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