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En esta precisa coyuntura, lo que más importa es pasar de las palabras a los hechos dentro de un verdadero ejercicio de realidad

Sólo los hechos realizables y comprobables son capaces de generar confianza y sostenibilidad, siempre que tales hechos correspondan a lo que el dinamismo real está reclamando cada vez con más urgencia e impaciencia.

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David Escobar Galindo - Columnista de  LA PRENSA GRÁFICA

David Escobar Galindo - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Como se viene haciendo evidente desde hace ya buen tiempo en nuestro país, la vieja retórica está totalmente fuera de lugar y las visiones encadenadas al pasado ya no tienen ninguna capacidad para enfocar los horizontes del presente. Este es un fenómeno que no es original de nuestro medio, sino que responde a una tendencia cada vez más expansiva dentro del mapa global. Estamos, pues, en armonía con los tiempos, al menos en algunas de sus expresiones fundamentales, y eso hay que valorarlo y dimensionarlo en todo lo que significa para un país como el nuestro, que ha estado persistentemente escondido en una marginalidad que no parecía tener escapatorias. Ahora caminamos en la caravana que no va hacia el Norte, sino que se dirige a los cuatro puntos cardinales, con una aspiración de futuro que es indetenible. Y esta no es una metáfora oportunista sino un juicio de realidad que aspira a recoger los insumos del momento que se vive. De ahí hay que partir para hacer programación horizontal.

Cuando hablamos de horizontalidad nos estamos refiriendo a lo que significa y representa el día a día de cada ser humano y de todos los seres humanos organizados en comunidad, sea local, nacional o global. En definitiva, el vivir cotidiano se va manifestando en actos y en movimientos que se desenvuelven entre el amanecer y el anochecer de cada día. Esta imagen que acabo de poner sobre el papel me trae de inmediato a la conciencia un cúmulo de reminiscencias visuales que forman parte de mi patrimonio memorioso, como le pasa desde luego a cualquier ser humano. Al fin de cuentas, el devenir histórico, en cualquiera de sus niveles, no es más que un catálogo de reminiscencias con nombre y apellido, que son los de cada uno de los individuos que se mueven en el terreno de la realidad. Por eso todos los que estamos aquí –ayer, hoy o mañana– somos los responsables directos de la evolución en cualquiera de sus planos.

Puestos en esta perspectiva, nos encontramos inmersos en un ejercicio preelectoral de alta intensidad, porque lo que está en juego es la conducción nacional dentro de un panorama que, como nunca antes, está cargado de indefiniciones y de incertidumbres. Y de inmediato hay que preguntarse: ¿A qué se debe tal estado de ánimos y de cosas? Hay de entrada dos razones para ello: el momento que vive la evolución histórica de nuestro proceso, con grandes deudas estructurales pendientes, y la forma insuficiente en que las fuerzas y los liderazgos políticos han enfrentado sus retos modernizadores. Todo se junta, pues, para haya un clima de tensiones mucho más intenso que en otros momentos. Y esto, de lo que nadie puede desentenderse responsablemente, demanda la presencia de dos factores claves: inteligencia y realismo.

Lo anterior indica, a todas luces, que van quedando cada vez más lejos las ocasiones en que bastaba prometer futuro y congraciarse superficialmente con la ocasión para que las voluntades ciudadanas quedaran satisfechas. Hoy pasa todo lo contrario: la ciudadanía ha ido pasando de ser complaciente a ser exigente, y eso lo están sintiendo los competidores políticos en el día a día de su búsqueda de apoyos. Pero el elemento más novedoso es que la insatisfacción ciudadana se ha vuelto un actor que circula por el terreno, por encima de los actores tradicionales, y eso abre grandes y muy inquietantes interrogaciones. En todo caso, confiemos en la fortaleza del esquema político vigente, que de seguro continuará como tal a pesar de las contingencias.

Como decimos en el título de esta Columna, lo que más importa es pasar de las palabras a los hechos dentro de un verdadero ejercicio de realidad. Porque cuando las circunstancias llegan a los niveles en que se encuentran en nuestro medio, sólo los hechos realizables y comprobables son capaces de generar confianza y sostenibilidad, siempre que tales hechos correspondan a lo que el dinamismo real está reclamando cada vez con más urgencia e impaciencia. Es lo que todos los que se hallan ahora mismo en el plano de la contienda deberían aceptar y asumir sin más evasivas, justamente para que los resultados sean satisfactorios en primer lugar para el país.

Esperamos con toda sinceridad que nadie quiera refugiarse en ninguna de las estancias del pasado, donde ya lo único que se respira es aire viciado. Hay que reconocer lo que nos trae la cotidianidad en todas sus manifestaciones, y más aún cuando lo que está en juego es la suerte de la nación entera y de todos sus integrantes. Cada día es un reto, y la suma de esos retos es lo que constituye la agenda del destino nacional. No hay por dónde perderse: los salvadoreños vivimos una coyuntura decisiva como ninguna otra, lo cual es a la vez una gran prueba y un enorme privilegio.

Ilustración de Moris Aldana

Tags:

  • caravana
  • devenir histórico.inteligencia y realismo
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