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En este Día Internacional contra la Corrupción hay que renovar el compromiso de lucha contra esa peste generalizada que causa tantos estragos

El fenómeno expansivo de esta renovada atención sobre un problema tan grave tampoco tiene fronteras, e incluye a países como el nuestro, en el que tradicionalmente la corrupción ha estado protegida por distintas capas de impunidad.
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El 9 de diciembre es el Día Internacional contra la Corrupción, y la fecha por consiguiente es muy oportuna para poner de relieve lo que significa dicho mal tan destructor y para relanzar los propósitos de lucha frontal y eficiente contra todas las conductas y acciones que en cualquier forma se salgan de los marcos legales por las vías del abuso y del aprovechamiento indebido. Hay que seguir destacando de manera sistemática que la corrupción es un mal que no tiene fronteras y en tal sentido su combate tiene que ser también generalizado, entendiendo que cada zona y cada país tienen particularidades propias al respecto.

Según datos de la ONU, se calcula que cada año se paga en el mundo un billón de dólares en sobornos y se roban 2.6 billones en actos de corrupción. El deslave, pues, es gigantesco, no sólo en contenido monetario sino también en deterioro moral, legal e institucional. Esto, que ahora se conoce y se reconoce de manera cada vez más abierta, ha venido produciendo un creciente movimiento internacional de carácter correctivo, cuyos brotes pueden observarse en las más diversas áreas del mapamundi. El fenómeno expansivo de esta renovada atención sobre un problema tan grave tampoco, pues, tiene fronteras, e incluye a países como el nuestro, en el que tradicionalmente la corrupción ha estado protegida por distintas capas de impunidad.

Hay cada día más conciencia de que la corrupción es un mal que atenta directamente como todas las estructuras de la sociedad organizada y que, en consecuencia, actúa como una cadena de frenos que atascan el desarrollo económico y social. Pero hay que profundizar más en el daño que produce este destructor flagelo: son las bases estructurales de la sociedad las que resultan seriamente afectadas, con las consecuencias de inseguridad y de insostenibilidad que son evidentes. Esto lo vivimos a diario en nuestro país, por lo cual los combates contra la corrupción en todas sus formas se vuelven requisitos de supervivencia.

La corrupción lo va infectando y erosionando todo; y ese impacto puede advertirse en áreas como la democracia, la prosperidad, la justicia, la educación, la salud y el desarrollo. De ahí que sea tan determinante el impulso que toma la lucha contra esta peste en un ámbito nacional como el nuestro. Es vital, al respecto, el apoyo que deben recibir las instituciones que están ahora mismo en la vanguardia de esta lucha, como la Fiscalía General de la República y la Corte Suprema de Justicia, no sólo para que no cejen en su empeño de cumplir cabalmente con sus respectivas funciones sino también, y de manera significativa, para que cuenten con todos los respaldos institucionales que les potencien el trabajo.

En este Día habría que recoger el mensaje motivador lanzado por el Secretario General de las Naciones Unidas: “En el Día Internacional contra la Corrupción los invito a reafirmar conmigo nuestra determinación de acabar con el engaño y la falta de honradez que amenazan la Agenda 2030 y de buscar la paz y la prosperidad para todos en un planeta sano”. Hay que asumir pues, de inmediato, una agenda anticorrupción que contemple todos los ángulos de la lucha: el investigativo, el punitivo y el preventivo, dentro de un plan internacional y nacional que armonicen en sus puntos básicos para que los resultados depuradores y renovadores puedan irse viendo cuanto antes.

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