En este mes del padre...

Con mucho amor a mi esforzado y valiente progenitor, Héctor Aguilar H., quien me inspiró el respeto al prójimo, el respeto a mí mismo, el esfuerzo constructivo, el optimismo, el mirar siempre de frente, el gusto por la buena lectura y el intentar escribir poemas.
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El próximo septiembre cumplirías 117 años, yo cumpliré mis 89 el próximo agosto si Dios lo permite. Qué corta y qué distante parece ser la vida y qué cercana la muerte que es la resurrección del alma. Nos veremos un día, querido padre, cuando despunte el alba de una nueva mañana en los jardines del cielo y entonces platicaremos orgullosos de nuestros hijos, nuestros nietos y bisnietos y toda la demás familia y por qué no también de nuestras luchas y afanes, de nuestros logros, de nuestros errores y además de los buenos amigos que siempre estuvieron cerca

Hoy me acordé de vos, papá... Oí silbar al viejo leñador del bosque –que se parecía a tu silbar mañanero– y me acordé de vos, papá. El buen viejo iba silbando por la hermosa serranía y el paso lo iba enrumbando por los atajos del llano. Caminaba a pasos largos, pensando en sus pensamientos cómo camina la vida, cómo caminan los tiempos... A ratos caminos llanos, a ratos duras veredas, pero los pasos no cesan y continúa la vida... Mas al fin de la jornada los pasos se vuelven lentos –ahora sí lo entiendo, mi querido viejo– y se vislumbra allá cerca, a la orilla de la playa, una linda barca blanca con un timonel sonriente que hace señas y nos dice alegremente: “Ven conmigo, tu caminar ya ha cesado y te espera el Gran Amigo... Ven conmigo”.

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