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En este momento de tanta conflictividad global y nacional lo más importante es que haya voluntades dispuestas a potenciar la razón

Nuestro esquema político básico sigue firme, y lo que ahora más perturba la atmósfera nacional es el abuso de la retórica extremista, que aunque no pase de ser retórica deja muchos signos de interrogación flotando en el ambiente.
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En este momento de tanta conflictividad global y nacional lo más importante es que haya voluntades dispuestas a potenciar la razón

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El proceso global y el proceso nacional vienen teniendo un curioso y significativo paralelismo desde allá en los años 80 del pasado siglo. Dicha década fue sin dudas un parteaguas tanto en el mundo internacional como en la escena salvadoreña. Al principio de aquellos años en el mundo comenzaban a dibujarse los indicios de que la llamada Guerra Fría entre las dos superpotencias de entonces y sus respectivos bloques ideológicos estaba llegando a su fase final; y paralelamente, en El Salvador el inicio conjunto de la guerra interna y de la democratización política hacía ver que el proceso histórico estaba por concluir una época y por iniciar otra. Nada de esto era, por supuesto, tan notorio entonces como puede ser ahora, porque las dinámicas evolutivas nunca se dan como en el espacio de una cátedra.

Muchas cosas están aún por descifrarse de lo que sucedió en aquellos años, para desde ahí entender mejor lo que se ha venido dando después. Ponemos un solo ejemplo: ¿Por qué ninguna de las dos partes armadas de la guerra salvadoreña pudo alzarse con la victoria militar cuando el conflicto duró en el terreno más de una década y cada una de ellas estaba decididamente apoyada por la respectiva superpotencia mundial? Sin duda ya entonces la Guerra Fría carecía de la impulsividad de otros momentos, con el agregado fundamental de que el pueblo salvadoreño no se inclinó avasalladoramente a favor de ninguno de los dos contendientes en el terreno.

La solución política de nuestro conflicto bélico fue producto, pues, de factores afortunadamente coincidentes; y desde entonces el proceso nacional viene llevando significativos paralelismos con lo que ocurre en todos sus alrededores, aun los que parecieran más distantes. Y esto nos confirma que la realidad siempre resulta ser un juego interminable de círculos concéntricos. A estas alturas, el fenómeno nacional se caracteriza, entre otros elementos, por las conexiones que trae consigo de manera constante; y tales conexiones deben ser consideradas y asumidas en su debido contexto, para no caer en reduccionismos ni en dispersiones.

Por eso subrayamos en el título de esta columna la necesidad de impulsar los mecanismos de la racionalidad ilustrativa en todos los planos reales. Lo que se está imponiendo por todas partes es la irracionalidad dramatizada al máximo, y eso hace que los distintos panoramas actuales sean escenarios del melodramatismo extremo. Lo vemos hasta en países que vienen estando en la cúspide del desarrollo, y en los cuales lo que menos se desarrolla es la sensatez emocional; por el contrario padecemos una plaga creciente de conflictividades, la mayor parte de ellas de índole claramente artificial, lo cual las vuelve todavía más peligrosas. Hasta conflictos bélicos nucleares se están ofreciendo, como si se tratara de un juego de niños perversos.

Aunque en El Salvador hay muchos contrastes de posiciones y de opiniones sobre lo que está pasando en la dinámica del proceso nacional, hay que reconocer que nuestro caso no tiene las características de alto trastorno que se ven en otros países, tanto de las cercanías como de los entornos más lejanos. Nuestro esquema político básico sigue firme, y lo que ahora más perturba la atmósfera nacional es el abuso de la retórica extremista, que aunque no pase de ser retórica deja muchos signos de interrogación flotando en el ambiente. En esto sí estamos infortunadamente a tono con lo que se ve y se oye en las esferas del poder global.

Nos encontramos ya en campaña electoral hacia dos fechas decisivas: la de 2018 y la de 2019. Aunque las campañas nunca son escenarios propicios para activar la razón porque la pasión se mete por todos lados, en estos momentos donde pasan cosas tan inesperadas no deberíamos perder la esperanza de que los impulsos de la razonabilidad puedan hacerse sentir por efecto de la misma inseguridad urticante que se vive. Si fuera así, y esperamos que así lo sea aunque algunos nos tachen de ilusos, estaríamos aportando significativamente a la sanidad del momento actual en clave de futuro, que es lo que más necesitamos.
 

Tags:

  • David Escobar Galindo
  • Guerra Fria
  • reduccionismo
  • irracionalidad
  • conflicto belico

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