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En estos días de pausa hay que privilegiar la reflexión sobre nuestras condiciones y sus posibilidades

Lo peor que podría ocurrirnos es que, al estilo tradicional, doblemos la página como si nada. La responsabilidad posterior será todavía mayor.

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Hemos entrado ya en el terreno de la Semana Santa, que está constituido por unos cuantos días en los que tradicionalmente se abre un paréntesis dentro de la cada vez más turbulenta vida cotidiana que muchos dedican a la distracción restauradora de energías y otros aprovechan para hacer prácticas espirituales en clave de devoción religiosa. En esta oportunidad, la Semana Santa se halla en el centro de la emergencia desatada por la expansión del coronavirus, y esto le da al momento connotaciones muy particulares. La cuarentena hace, entonces, que una cantidad inusitada de salvadoreños sólo tengamos una opción disponible: el recogimiento forzoso. Este imperativo, dentro de las costumbres de creciente liberalidad que se han vuelto tan propias de esta época en la que los controles de la conducta se vuelven cada día más inoperantes, adquiere proporciones inmediatas de reclusión casi carcelaria, y así lo ven y lo sienten la mayoría de los contemporáneos, y muy en particular los más jóvenes.

Pero si vemos las cosas con la debida propiedad, salta a la luz que esta coyuntura en que la Semana Santa se da en plena cuarentena debe ser considerada como una oportunidad muy especial para entrar en reflexión profunda sobre lo que pasa en esta hora crítica, sobre lo que podría seguir pasando cuando la emergencia le dé paso a una nueva normalidad y sobre lo que dicha normalidad en perspectiva tendría que representar y significar para que nuestro país recupere el paso con una voluntad y con un impulso muy superiores a lo que ha sido tradicional en nuestro ambiente, tan asediado por tantas adversidades y por tantas distorsiones.

Nos encontramos, pues, enfrentados a un nuevo reto histórico, que en todo sentido es más demandante que todos los retos anteriores, porque se trata de reconocer y recoger lo que hasta hoy no se ha hecho y de encaminar a partir de aquí todas las dinámicas nacionales con la visión y la responsabilidad que corresponden. Quizás desde hace mucho tiempo los salvadoreños necesitábamos una sacudida mayor, como esta que nos ha traído inesperadamente la crisis pandémica. Esta hubiera ocurrido de todas maneras, porque se trata de fenómenos de origen natural que no son controlables de antemano, pero sin duda en esta precisa ocasión una emergencia como la que se vive acarrea no sólo efectos directos sino también agresivas advertencias de que se tome en serio todo lo que pueda venir consecuencialmente según las respectivas circunstancias.

En nuestro caso, lo que más urge es emprender procesos de auténtico mejoramiento de las condiciones de vida de gran parte de nuestra población, y aunque ahora todos los recursos serán mucho más escasos por obra de la pandemia, habría que definir de inmediato una hoja de ruta, que vaya paso a paso, sin detenerse ni un instante, en la medida y al ritmo que las condiciones lo vayan permitiendo. Y al respecto, una reflexión básica es la referente a lo que tantas veces hemos señalado y seguiremos señalando como factor inexcusable: la real integración de voluntades entre todas las fuerzas y liderazgos de nuestro país, tanto en lo público como en lo privado.

Pese a que desde aquí se vea tan aleatorio todo lo que se pueda seguir dando en el día a día, lo previsible es que esta crisis pase en algún momento próximo, y también tenemos que estar debidamente preparados para cuando eso ocurra; porque lo peor que podría ocurrirnos es que, al estilo tradicional, doblemos la página como si nada. La responsabilidad posterior será todavía mayor, y eso hay que asumirlo en pleno.

Todo lo que abona a la conciencia nacional es constructivo para el presente y positivo para el futuro. Y lo que más debe importarnos a todos es la suerte del país, porque en ella va envuelta la de todos sus componentes humanos.

Tags:

  • reflexión
  • Semana Santa
  • responsabilidad
  • cuarentena
  • integración

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