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En la lucha contra la corrupción se vienen produciendo acciones legales que no tienen precedentes

Una de las ventajas principales de esto que está comenzando a pasar en la lucha contra la corrupción y la impunidad es que generará, casi sin falta, un efecto disuasivo de cara a lo que vendrá de aquí en adelante.
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Desde cualquier ángulo de percepción que se utilice para hacer valoraciones sobre la situación actual en lo que se refiere a cuestiones tan debatidas como la activación de la transparencia y la erradicación de la impunidad, puede advertirse que en el ámbito institucional se están dando movimientos que apuntan hacia un nuevo estado de cosas que vaya siendo más acorde con lo que la democracia exige para poder funcionar de veras como tal. Desde hace algún tiempo, el presidencialismo tradicional está en la mira, y en esa área, que hasta hace poco era prácticamente impenetrable, las investigaciones y las acciones fiscales y judiciales dirigidas a revelar las conductas de los gobernantes se hacen sentir como nunca en el pasado. De seguro, por todas las señales disponibles, continuarán los destapes reveladores, y eso responde no sólo a lo que quiere la población sino también a lo que la institucionalidad necesita para ganar credibilidad básica en su desempeño.

Ahora mismo la Fiscalía General de la República está llevando a cabo investigaciones de alta intensidad, que abarcan a figuras como un ex Fiscal General de la República, un empresario de mucho poder que viene siendo cuestionado desde hace rato y a gente de sus respectivos entornos. Los delitos atribuidos respectivamente son omisión de investigación y fraude procesal; falsedad ideológica, fraude procesal y cohecho activo. Según se puede colegir de la dinámica que se sigue, la búsqueda de responsables de haber quebrantado la ley en beneficio propio dentro de los distintos campos institucionales no parará aquí, sino más bien todo apunta a que sólo se están viendo los inicios de esta dinámica que, como decíamos, no tiene precedentes.

Desde luego, ningún accionar de esta naturaleza, y sobre todo cuando se viene de una tradición simuladora y encubridora que llegó a tener plena carta de ciudadanía, puede ser fácil ni estar libre de riesgos. Tampoco hay que desconocer, para poner en juego los balances realistas, que lo que está pasando en El Salvador en este sentido no es un repunte en solitario, sino que más bien responde a una especie de ola correctiva que tiene connotaciones regionales. Basta ver lo que se ha dado en Guatemala para comprobarlo. Todo hacer ver, y ojalá que efectivamente sea así con carácter sostenido, que las perversiones del ejercicio del poder ya no tienen los intocables seguros de antaño, lo cual abona a confiar en que nuestras sociedades, tan asediadas por los malos hábitos y por los procederes deshonestos, podrán avanzar hacia perspectivas más sanas y más estables.

Una de las ventajas principales de esto que está comenzando a pasar en la lucha contra la corrupción y la impunidad es que generará, casi sin falta, un efecto disuasivo de cara a lo que vendrá de aquí en adelante. Ya se sabe que la corrupción y los corruptos tratarán de ingeniárselas siempre para seguir moviendo sus viejas prácticas; sin embargo, cuando la institucionalidad sale al paso con verdadera voluntad de hacerse valer los que buscan saltar por encima de ella tendrán inevitablemente que pensarlo dos veces antes de repetir los vicios consabidos. Está por ver lo que viene de cara al futuro, pero en todo caso se van abriendo brechas que al menos permiten avizorar otros horizontes.

Tags:

  • transparencia
  • impunidad
  • institucionalidad
  • fiscalia

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