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En los distintos ámbitos del quehacer nacional se están sintiendo los impulsos de renovación con miras a activar nuevas formas de desempeño

Hay constantes evidencias de que lo que viene imperando, y no de hoy, es el desempeño ineficiente o al menos no lo suficientemente eficiente como demandan las circunstancias.
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Si hay algo que se vuelve cada vez más notorio en nuestro ambiente es la necesidad de renovación en prácticamente todos los órdenes de la vida nacional. Esto no es casual ni circunstancial: responde a los impulsos normales de un proceso evolutivo que toma cada vez más conciencia de sí mismo y de sus posibilidades y responsabilidades en el ambiente. Lo anterior va íntimamente vinculado con el progresivo despertar de la conciencia ciudadana, que antes estaba casi siempre tras bambalinas, sin hacerse sentir salvo en momentos de muy especial significación histórica, y que ahora, desde que la democratización comenzó a tomar impulso, se halla más presente y alerta en la cotidianidad tanto social como política.

Tales exigencias de renovación son inocultables, cada vez en forma más notoria, y al mismo tiempo se dirigen a todos los actores nacionales, de la naturaleza y del signo que sean, porque no responden a ningún programa específico ni a ninguna línea de pensamiento determinada, sino que brotan del mismo desenvolvimiento del fenómeno real, tal como se viene presentando sobre todo en los tiempos más recientes, cuando la problemática nacional ha dado giros muy preocupantes hacia su profundización por falta de tratamientos adecuados y oportunos.

El tema va íntimamente vinculado con todo lo que se refiere a la eficiencia en el quehacer público, dentro de todas las áreas del mismo. Hay constantes evidencias de que lo que viene imperando, y no de hoy, es el desempeño ineficiente o al menos no lo suficientemente eficiente como demandan las circunstancias. Y lo anterior hay que ligarlo de manera directa con la organización y la dinámica de las fuerzas políticas en juego, sobre todo aquellas que se mantienen como las más determinantes en el ejercicio del poder.

Dichas fuerzas políticas, que tienen su origen en los albores del conflicto bélico interno, han mostrado en el transcurso del tiempo muy poca disposición para emprender oportunamente los reciclajes que la evolución del proceso nacional les demanda, y en buena parte debido a ello hay múltiples rezagos modernizadores, que cada vez se vuelven más urgentes. Hay que remozarse sin dejar de ser lo que cada quien es, y hacerlo precisamente para que eso que cada quien es por naturaleza y por convicción preserve de manera saludable y proactiva sus esencias originales. El esquema de funcionamiento político actual, que lleva ya en funciones casi un cuarto de siglo, es básico para que el país pueda tener estabilidad asegurada y progreso efectivo, siempre que se haga a tiempo y eficientemente lo que se debe hacer para ello.

Con más o menos visibilidad, según las condiciones propias de cada formación partidaria, lo cierto es que los impulsos renovadores están haciéndose presentes en todas partes, y sin duda los que más rápida e inteligentemente se animen y se dispongan a entrar en la dinámica del cambio constructivo mayores ventajas tendrán a la hora de entrar en la competencia concreta, que ya se avecina con nuevas fechas electorales. No bastaría un mecánico relevo generacional: hay que asegurar, en todo caso, que la innovación vaya acompañada de creatividad, de proyección y de responsabilidad.

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