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En nuestro país es cada vez más apremiante que la racionalidad asuma el protagonismo que le corresponde

En el fondo, la falla está en la incapacidad ya sistemática de las fuerzas políticas para ponerse de acuerdo en lo referente a las cuestiones básicas para la estabilidad y el crecimiento del país.

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Estamos concluyendo un año complejo y a las puertas de iniciar un año que presenta muchos aspectos impredecibles, por lo cual los salvadoreños nos hemos visto y nos vemos expuestos a una gran cantidad de inseguridades, que son las que dominan la cotidianidad de la vida nacional. Tal situación no es nueva, y más bien se viene acumulando en el tiempo; y la novedad que hay ahora al respecto es que cada día se hace más evidente el imperativo de moverse hacia un plano en que el tratamiento de los problemas que nos aquejan, y muy especialmente de aquellos que ya no admiten ninguna evasiva, esté regido por la racionalidad inteligente. Es claro que este apremio va vinculado estrechamente con las perspectivas políticas actuales, en cuyo centro está la elección presidencial que se halla a menos de 7 semanas de distancia.

Sin duda la política influye siempre en todo, pero hay momentos en que dicha influencia se vuelve crucial; y este es justamente uno de esos momentos. Para el caso, la tardanza en saber si habrá Presupuesto General del Estado aprobado a tiempo, es decir, antes de que concluya el año en curso, genera un brote de incertidumbre que puede ser de gran negatividad para el desempeño de la gestión pública; y el riesgo de que no haya "roll over" a tiempo para el pago del multimillonario paquete de bonos que vencen el año próximo hace revivir la amenaza del impago, que sería tan nefasto en todo sentido.

En el fondo, la falla está en la incapacidad ya sistemática de las fuerzas políticas para ponerse de acuerdo en lo referente a las cuestiones básicas para la estabilidad y el crecimiento del país. Tal incapacidad tiende a manifestarse con más fuerza en momentos electorales, y ya no se diga cuando se trata de decisiones tan determinantes en todo sentido como la que se viene. El contrapeso que puede ser más influyente al respecto está encarnado en la realidad misma, que tiene ahora más que nunca mensajes y lecciones para todos. Y es esa realidad la que va poniendo la fuerza de la razón en el plano que le corresponde.

Los pasionismos electorales nunca van a dejar de existir, pero también es evidente que el espacio de dichos pasionismos tiende a irse estrechando según la lógica de los tiempos que corren. Esto es lo que habría que potenciar, asumiendo en primer término actitudes que vayan desactivando la negatividad irreflexiva para que se puedan ubicar preferentemente la sensatez y la madurez, que tanta falta nos hacen como conductoras del proceso nacional en las condiciones que están vigentes. Y esto no nos cansaremos de reiterarlo hasta que cale.

Las principales decisiones políticas de este momento preciso son mutifocales, porque tendrán efectos en la gestión que está por concluir y también en la que viene. Si hay racionalidad en acción tendría que verse dicha multifocalidad como un estímulo para llegar a acuerdos que deriven en decisiones prudentes y consecuentes, que son los que la dinámica evolutiva más está requiriendo en el momento que corre.

Esta es coyuntura de cambio, y eso abarca por supuesto la forma en que se asumen y se manifiestan las conductas, tanto en lo público como en lo privado. Y todas las claves del progreso se gestan ahí.

Tags:

  • inseguridades
  • elección presidencial
  • Presupuesto General del Estado
  • incapacidad
  • racionalidad

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