Lo más visto

En plena Ofensiva

Enlace copiado
David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Enlace copiado

Noviembre de 1989. El 11 de noviembre de ese año, el frente guerrillero que estaba ya en la mesa negociando con el Gobierno desde el 13 de septiembre lanzó la llamada su Ofensiva hasta el Tope.

La violencia armada se hacía presente en el área metropolitana, como nunca antes. Los negociadores, que habíamos tenido dos reuniones muy fructíferas en México D. F. en septiembre y en San José, Costa Rica, en octubre, estábamos convocados para una nueva reunión en noviembre en Caracas, que por supuesto no se llevó a cabo.

¿Cuál era entonces la lógica de aquella Ofensiva, que se desató un día después de la caída del Muro de Berlín? Independientemente de los objetivos buscados, la Ofensiva no fortaleció a ninguna de las partes, sino que más bien les demostró, a ambas, que la salida no estaba en las armas. El FMLN quiso argumentar después que su Ofensiva había tenido por objeto obligar al Gobierno a que negociara de veras; pero la verdad es que eso estaba ocurriendo desde el primer encuentro. Además, una Ofensiva como aquélla no se prepara en unos cuantos días.

Pero el hecho es que luego de la Ofensiva, militarmente fallida, la mesa ganó prestancia. Lo que resultó de ella fue lo que tenía que resultar, históricamente hablando: la solución sin vencedores ni vencidos.

¿Qué más le hubiéramos podido pedir a la suerte? En cuanto la Ofensiva concluyó, comenzaron de inmediato los esfuerzos para volver al diálogo negociador. Y cuando volvimos a la mesa en una pequeña reunión reservada en marzo de 1990, para negociar el texto de lo que sería el Acuerdo de Ginebra, la Ofensiva no apareció ni siquiera en forma fantasmal. Había que seguir adelante sin demora.

Lee también

Comentarios