En tanto sigan atrincherados continuarán los enfrentamientos

El país no puede quedar atrapado en el nudo de las pasiones políticas mientras la realidad nos demanda a todos ponernos las pilas frente a lo sustantivo de la compleja temática nacional.
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<p>El choque frontal entre un sector mayoritario de la Asamblea Legislativo y la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia ha venido a poner en evidencia que las ansiedades políticas están al rojo vivo, no sólo por la configuración de fuerzas que surgió de las elecciones del pasado mes de marzo sino, sobre todo, por hallarnos de cara a la competencia presidencial que se avecina, la cual tendrá sin duda connotaciones muy peculiares, en vista de cómo se está definiendo el juego de las piezas partidarias en el tablero nacional. Todo hace prever que será una competencia de tres: ARENA, el FMLN y GANA, y eso pone las componendas políticas en primer plano.</p><p>La elección de magistrados y de fiscal general al final de la anterior legislatura tuvo, sin duda, muchos entretelones. El primer objetivo era desarticular la Sala de lo Constitucional, a como diera lugar, y eso es notorio desde entonces. La Sala, por su parte, en vez de entrar en fase de contención dadas las circunstancias del momento, le echa más leña al fuego. Todos están en sus trincheras, y la batalla continúa. Desde luego, la víctima principal de todo este descontrol generalizado de actitudes, emociones y decisiones es el país, que hoy más que nunca está necesitando armonía y orden, para encarar problemas auténticos y hacer despegues efectivos.</p><p>La negociación partidaria de abril hizo posible elegir magistrados y fiscal y repartirse posiciones decisivas para cada quien. El apremio llegó entonces porque de las elecciones surgió una nueva correlación dentro de la Asamblea, y hoy las decisiones de mayoría calificada exigen en forma insoslayable el entendimiento entre el FMLN y ARENA. Al ser así, resulta totalmente incomprensible que ahora, al inicio de la legislatura, dichos partidos estén en una agria disputa permanente, como en los viejos tiempos. Las acusaciones y las contraacusaciones van y vienen, con virulencia absurda. Y entretanto, la ciudadanía espera, cada vez más impaciente, que sus problemáticas reales, las del día a día, sean tratadas con racionalidad y efectividad.</p><p>De seguro, el clima electoral está caldeándose con tanta rapidez porque, después de la experiencia de 2009, es posible aunque no seguro que se produzca otra alternancia. Esto hace que los partidos verdaderamente alternantes entren en fase agudamente tensional, y ojalá que esto no conduzca a un resultado deforme en las urnas. Por el momento, lo que está prevaleciendo es el atrincheramiento compulsivo, con todas las consecuencias negativas que eso puede acarrear. Las voces de alerta van en aumento, tanto nacional como internacionalmente.</p><p>Tenemos que mantenernos en la línea de promover el uso de la razón y de instar sin descanso a la construcción de puentes normales dentro de una situación que, sin ningún motivo sustentable, se ha venido convirtiendo en grave crisis institucional. Y lo más inquietante es que, con tal de no ceder ni un centímetro de las posiciones originales, se le está apostando a que los hechos consumados se impongan por su sola fuerza. En esto, desde la Asamblea Legislativa se da un mensaje muy peligroso de rebeldía monolítica. No es eso lo que se espera de un ejercicio democrático serio, responsable, respetuoso y progresista. </p><p>Por lo que se ve en estos días, puede preverse con mucha preocupación lo que nos espera de aquí a 2014. El país no puede quedar atrapado en el nudo de las pasiones políticas mientras la realidad nos demanda a todos ponernos las pilas frente a lo sustantivo de la compleja temática nacional. </p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

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