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En un mundo cargado de incertidumbres y desvaríos la democracia encuentra más dificultades para mantenerse sana

...Lo elemental es preguntarse: ¿Qué es lo que está en crisis: la democracia como régimen político y social o el manejo que se está haciendo de ella en nuestros días?
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En un mundo cargado de incertidumbres y desvaríos la democracia encuentra más dificultades para mantenerse sana

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A lo largo y a lo ancho del mapamundi estamos viendo en el día a día una efervescencia renovadora que no siempre tiene claridad y continuidad, pero que está siempre ahí, como un impulso de cambio histórico que no se puede negar ni mucho menos impedir. Lo que en realidad ocurre es que los conceptos y los criterios de participación ciudadana ya no están sometidos como antes a los espurios mandatos del poder: la ciudadanía va despertando en todas partes de sus variados letargos, y es ese despertar el que va dándole nuevas luces a una realidad que apenas está iniciando su camino. Uno de los signos más significativos de este fenómeno es que no tiene fronteras: igual pasa en los países autoetiquetados como desarrollados que en aquellos, como el nuestro, que parecían estar a la cola de todo.

Luego de la implosión del artificioso esquema bipolar que tenía dos extremos característicos: capitalismo y comunismo, lo que quedó disponible para todos fue el régimen democrático, con sus variantes respectivas; pero, como está sabido hasta la saciedad en los hechos, la democracia es un ejercicio que va de la mano con la evolución sociopolítica, y por consiguiente debe irse adaptando a las transformaciones evolutivas que trae consigo el desenvolvimiento histórico. En otras palabras, ser democrático no es ni puede ser una condición pétrea: hay que ir habilitándola en forma constante y progresiva, porque lo que es válido o suficiente en un momento determinado puede no serlo en otro momento del proceso nacional e internacional.

En la coyuntura presente, lo que estamos viendo por doquier es una especie de trastorno multifacético en el seno de las democracias tanto tradicionales como emergentes. Y ante eso lo elemental es preguntarse: ¿Qué es lo que está en crisis: la democracia como régimen político y social o el manejo que se está haciendo de ella en nuestros días? Luego de una reflexión que busca ser desapasionada y desprejuiciada nos decidimos a dar la respuesta siguiente: No es la democracia como régimen lo que está en crisis, porque desde su más remota antigüedad no ha aparecido ninguna otra opción sostenible en el tiempo y que responda de veras a los requerimientos de una convivencia armoniosa y civilizada. Lo que genera y despliega crisis es la resistencia a replantearse dicho régimen en clave de presente y de futuro.

En otras palabras, los diversos trastornos que específicamente el régimen político democrático padece en distintos ámbitos de la realidad globalizada provienen en gran medida de que casi en todas partes se quiere seguir tratando la dinámica democrática como si no estuviéramos en otro escenario histórico en el que, como antes decíamos, el rol ciudadano, que siempre debió ser determinante, está tomando la dimensión y la significación que le corresponden. Esto hay que considerarlo muy en serio, porque si los actores partidarios no se ponen en onda con lo que la ciudadanía quiere, el sistema de partidos puede empezar a padecer las consecuencias, como sería el surgimiento de opciones improvisadas para sustituir a las fuerzas establecidas. Es lo que pasó en Venezuela cuando el colapso de los partidos que se volvieron cómplices le abrió espacio a la irrupción del populismo depredador; y lo que, en otro escenario, está pasando ahora en España con un previsiblemente inoperante gobierno de minoría, que surge porque los partidos que vienen siendo alternantes en el curso de la democratización han perdido la capacidad de funcionar sin los emergentes, que son producto del descontento ciudadano.

En nuestro país dicho descontento viene haciéndose cada vez más patente, y ese es un signo al que hay que prestarle la máxima atención, porque lo peor que podría ocurrir es que los ciudadanos lleguen al punto de buscar alternativas temerarias como sería elegir opciones repentistas para cobrarles factura a los partidos actuales. Para evitar que eso suceda en detrimento de la estabilidad del sistema, lo que hay que hacer es presionar a los partidos para que se modernicen de veras a la luz de las circunstancias sucesivas. Es decir, todos tenemos que ponernos verdaderamente al día, incluyendo al poder ciudadano y a las diversas fuerzas organizadas que operan en el ambiente.

Nos hallamos en tiempos de prueba, y eso, como decíamos, es una realidad global, que va manifestándose en las más variadas formas. La vida política está cambiando en todas partes. Y el hecho de que nadie pueda escapar de tal fenómeno es la mejor prueba de que así como hay desafíos hay oportunidades para todos. Habría que identificarlos y aprovecharlas.

Tags:

  • continuidad
  • crisis
  • democracia
  • regimen politico

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