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En una realidad tan conflictuada, lo que nos toca hacer a todos es poner en acción la racionalidad pragmática

Habría que abandonar del todo las cómodas posiciones mecánicas que sólo buscan ganar imagen política sin asegurar resultados concretos, y pasar a un compromiso realmente ejecutivo.

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En una realidad tan conflictuada, lo que nos toca hacer a todos es poner en acción la racionalidad pragmática

En una realidad tan conflictuada, lo que nos toca hacer a todos es poner en acción la racionalidad pragmática

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Si algo se está volviendo cada día más viral en los ambientes nacionales e internacionales es la proliferación de situaciones conflictivas que casi siempre son resultado de choques de intereses mezclados con fanatismos ideológicos, todo lo cual se impone destructivamente sobre las búsquedas de soluciones sustanciales a los problemas que circulan por todas partes. En los planos globales, lo que ahora se ha puesto en boga es la conflictividad comercial, que grafica la nueva forma de buscar superioridad en un escenario en que los viejos enfrentamientos hegemónicos ya no son practicables, porque el mundo de la globalización es muy diferente al mundo de la bipolaridad.

El Salvador ha sido siempre escenario de conflictos abiertos o subterráneos, que llegaron al punto de desatar una guerra política interna que si bien tenía fundamentos estructurales de índole económica y social, se fue construyendo en el tiempo por la ausencia de un esquema político en el que la participación de todas las ideas y de todos los enfoques fuera estímulo y garantía de la estabilidad pacífica. La cruenta lección de lo vivido y padecido por causa a tiempo y a cabalidad debió movernos al cambio de rumbo desde que se inició la posguerra; y como eso no se dio, las consecuencias son lacerantes e insoslayables. Es hora, pues, de que todos nos pongamos las pilas al respecto, para decirlo en lenguaje que para los salvadoreños es muy elocuente.

Por efecto de las formas distorsionadas que han sido lo común en nuestro país para enfrentar las tareas y los desafíos que se van sucediendo en el tiempo, estamos constantemente inmersos en una perturbación conflictiva que no parece tener fin, lo cual nos impide dedicarles análisis y tratamiento a los verdaderos problemas que de tantas maneras y en tantas vías nos aquejan. Tendría que haber, pues, como primera medida reorientadora, un enfoque nuevo de la forma de encarar las tareas de la conducción nacional, que traiga como elemento de base eso que identificamos como racionalidad pragmática, que al ponerse en acción se vuelve el mejor instrumento realista para el tratamiento de los problemas y la búsqueda eficaz de soluciones para los mismos.

En otras palabras, habría que abandonar del todo las cómodas posiciones mecánicas que sólo buscan ganar imagen política sin asegurar resultados concretos, y pasar a un compromiso realmente ejecutivo, en el que todos los afanes se orienten hacia la consecución de los objetivos nacionales y hacia el alcance de las metas de país.

El mundo de nuestros días está cargado de paradojas y de contrastes, como si los poderes mundiales no acabaran de aceptar que todos estamos hoy en una nueva era en que las transversalidades y las aperturas de toda índole también exigen nuevas formas y métodos para encarar la problemática vigente, que no es la igual a la que prevalecía en las épocas anteriores.

El realismo tiene que ganar todas las iniciativas, a fin de que se haga factible darle a la dinámica actual la virtud pragmática que tanto necesita para que todos los que compartimos este tiempo podamos ver horizontes esperanzadores.

Tags:

  • intereses
  • fanatismos ideológicos
  • cambio de rumbo
  • realismo

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