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En vísperas

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Estamos en abril, que es un mes de tránsito; y este año el tránsito se da en varios sentidos. Para empezar, como todos los años, la época seca está concluyendo y la época lluviosa ya se anuncia en el horizonte; y en lo político, justamente el primer día de mayo tomará posesión la nueva legislatura y las nuevas autoridades municipales, en condiciones sin precedentes. Cuando vuelvan las lluvias, la Asamblea Legislativa estará reconstituida y los concejos locales recién elegidos se hallarán al frente de sus responsabilidades. Nos hallamos, pues, en vísperas; y esa sola consideración abre perspectivas para los meses que vienen y también para los años que se hallan a las puertas. ¿Pero qué significa estar en vísperas? Es como tener abierto el balcón hacia lo que pueda llegar, que nunca es enteramente inesperado pero que siempre podría traer sorpresas gratificantes. En verdad, los seres humanos nos encontramos a cada paso con nuestra propia y espontánea vocación de ser proveedores de futuro. Estar en vísperas es, entonces, una condición natural de nuestro ser. Aunque pueda parecer lo contrario, los capítulos vitales nunca se cierran del todo, porque cualquier conclusión trae consigo siempre algún comienzo; y por eso la vida está permanentemente abierta a las novedades previstas y no previstas. Hoy, en estas estancias de abril, el año parece recordarnos con fina elocuencia que hay infinidad de ventanas por descubrir y de senderos por recorrer. La palpitación inspiradora de las vísperas circula a nuestro alrededor como una caravana entusiasta.

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