Lo más visto

En vísperas de Navidad

Enlace copiado
José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

Enlace copiado

En 1914 en plena guerra mundial, entre trincheras enemigas en el frente occidental, el 24 de diciembre las tropas alemanas y británicas empezaron a cantar desde sus bandos el villancico de “Noche de Paz”; decoraron sus fusiles con frutitas rojas y finalmente elevaron una bandera blanca y salieron de sus escondites. Se estaba produciendo la milagrosa “Tregua de Navidad” que convirtió a los enemigos, por lo menos ese día, en simples hijos de Dios.

Desde entonces han pasado ciento cuatro años; los nombres de las naciones han cambiado y las fronteras de los países en el mundo tampoco son las mismas. Los antiguos adversarios hoy son aliados y lo que se consideraba ciencia ficción, hoy es rutina. Sin embargo, la Humanidad sigue fraccionándose y ve en las diferencias que existen entre los hombres, una terrible enemistad que hace maldecir a quienes ven el mundo de un color diferente al nuestro; y olvidamos que nuestra Civilización tiene un claro antes y después: el nacimiento de Jesucristo.

El Salvador es un país que como muchos otros, remonta su historia a guerras de independencia y de invasión, a revoluciones, golpes de Estado, inundaciones y terremotos; pero también es un país con una brillante historia de heroísmo y laboriosidad; una tierra fecunda en tradiciones, en donde la hermandad ha sido la norma y en donde la fe ha mantenido unido a un Pueblo ávido por crecer y ser más próspero. Ahí estamos hoy, entre las adversidades de un pasado violento y la lucha incansable por resolver los problemas de la historia, olvidándonos que solo juntos podremos salir avante y que el barco de nuestra nacionalidad no se hunde solo para la mitad de sus tripulantes, sino para todos; y entonces nos queda una sola ruta, que es común: o nos salvamos o perecemos juntos.

En las vísperas de la Navidad de este año, los salvadoreños podríamos repetir el evento histórico que ocurrió al inicio de la Primera Guerra Mundial; no deberíamos ser hostiles entre nosotros, tenemos simplemente diferentes formas de ver la solución a nuestros problemas. Como siempre, le hablo a la gente honesta de ambos lados del espectro político y a ellos les comparto la historia que relaté al inicio y que fue real, motivando un alto al fuego, que de haberse extendido por más días, habría hecho imposible reanudar la guerra y la historia hubiera cambiado. Hoy es momento de buscar dentro de nosotros y llamarnos mutuamente a la cordura y a la paz; podremos ser diferentes y acaso adversarios, pero no enemigos. No todos estaremos de acuerdo, pero lo importante es ser congruentes con nuestra forma de pensar y permitir a otros disentir de nuestras ideas. Al fin y al cabo, ese es el gran regalo que el Altísimo nos da: la libertad.

Hace más de dos mil años vino Cristo al mundo y desde entonces mucho ha cambiado; pero igual que en la primera Navidad, si lo buscamos en nuestros corazones, oiremos el canto de los ángeles que grita: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

Les deseo a todos una feliz Navidad y un venturoso 2018.

Lee también

Comentarios