Enero: Mes del adulto mayor

Nuevamente se conmemora el mes del adulto mayor, enero, con diversas actividades dedicadas a esos guerreros de la vida
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Nuevamente se conmemora el mes del adulto mayor, enero, con diversas actividades dedicadas a esos guerreros de la vida, cúmulos de sabiduría, remansos de calma y prodigiosas sombras; personas que cumplieron sus misiones y paladearon el agridulce del dolor y la alegría; gente 4x4 por haber transitado con fuerza, aguante y valentía los difíciles caminos de la vida; y con la satisfacción del deber cumplido y debidamente cuadradas sus cuentas y facturas, al divisar las fronteras del ocaso que amigable se planta a corta distancia, con donaire esperan al inminente visitante cuya mano al conducirles será amigable porque después de todo, el camino será largo.

Con mi inmenso cariño y respeto hacia la ancianidad y pensando solamente en sumar y no restar, me permito presentar algunas reflexiones tanto para los que llegaron a las grandes ligas en edad, como para los que vamos en el mismo camino. He leído y escuchado tantas cosas, que me gusta conversar con los ancianos siempre que puedo, especialmente con algunos que sufren de soledad, pobreza, desamparo y ciertas enfermedades. Indago cosas de su pasado, y me maravillo ante el cumplimiento de la sentencia bíblica “lo que el hombre sembrare eso también segará”, así como los términos populares: “nadie se va debiendo nada”, “el que la hace la paga”, “siembra vientos y cosecharás tempestades”, etcétera; y he aprendido lo delicado que es abandonar a los hijos o ser ingratos con ellos, jugarle sucio a un amor bueno, quedarse con lo ajeno a base de trampas, desamparar a los padres y a los menesterosos, abortar hijos, no pedir ni dar perdón, no restituir lo que se debe, vivir entre vicios y degeneres, gastar más de lo que se gana, etcétera.

Y lo más grave es que estas situaciones encadenan a otros; por ejemplo, un hijo que sufrió abandono o ingratos tratos difícilmente puede ser un buen samaritano cuando el anciano progenitor está en la ruina. La mujercita que solo Dios sabe cómo le hizo para criar una marimba de muchachitos difícilmente estará presta para recibir y amparar al déspota que la golpeó, la vejó y los abandonó sin importarles cómo sobrevivirían.

Que cada quien deduzca si merece o no lo que hoy tiene. Mientras hay vida hay esperanza. Pidamos perdón a Dios y a los que dañamos en el pasado (para nuestra tranquilidad, aun a los muertos)... si se puede restituir, hagámoslo. Al interrelacionarnos con el mundo, hagamos frutos de arrepentimiento siendo personas buenas. Decidamos no dañar a nadie, peor a los indefensos y a los sin voz; considerar que a pesar de que el hombre es difícil de entender pues no decide nacer, no sabe vivir ni quiere morir, se impone por nuestro propio bien actuar con limpieza, estimando y respetando a los demás como a nosotros mismos, y erradicando el cinismo y la injusticia que a veces preceden a efímeros intereses materiales, olvidando así que arrieros somos y en el camino andamos.

Pero la más alta conducta, ya frente a casos concretos, es ofrecer comprensión, disculpa y apoyo a aquellos que ya no tienen ni fuerzas ni oportunidad de volver a empezar, y que talvez actuaron mal víctimas de la ignorancia; y con la alegría del cariño, aceptémoslos y ayudémosles en todo aquello que esté a nuestro alcance.

Tags:

  • adulto mayor
  • tercera edad
  • pensiones

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