Enero: Mes del adulto mayor

Nuevamente las entidades y personas relacionadas con la temática del Adulto Mayor se ocupan de tan especial estrato de la sociedad
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Nuevamente las entidades y personas relacionadas con la temática del Adulto Mayor se ocupan de tan especial estrato de la sociedad: las personas con edades grandes, o sea las que han dado origen a las actuales generaciones, las que nos han dado la vida, nos han marcado y heredado el carácter y los rasgos, y han cumplido su obligación con nosotros a partir de nuestra concepción y nacimiento.

Muchos de ellos crecieron a base de la experimentación, prueba y error, sorteando obstáculos y fracasos, trabajando arduamente, llorando ausencias, pero siempre con valentía y arrojo, ya que detrás estábamos nosotros, que hoy somos el reflejo del ejemplo y del trato que nos dieron.

Imperfectos otros como todo ser humano, tal vez en su juventud, vivieron irresponsablemente, tuvieron hijos sin ocuparse nunca de ellos, sin pensar en su porvenir: una casita, una pensión, un ahorro y arriban a sus últimos tiempos llenos, además de los achaques de la vejez, de carencias, con pocas manos que estrechar ni una palabra blanda al oído y al corazón.

Errar es de humanos; y juzgar con propiedad solo lo hace Dios, quien también se encarga de las correspondientes facturaciones, porque Él es la justicia perfecta.

Pero ¿y nosotros, qué haremos? ¡Ellos, mala o buenamente, ya llegaron, mientras que nosotros vamos detrás! Creo que solo hay 2 cosas por hacer: (1) Con los ancianos nuestros pertenecientes a esta clase, aunque no hayan sido buenos, aunque nos hayan provocado cicatrices imborrables, como cristianos perdonarlos; e inflamando el corazón de bondad y en el nombre de Dios, apoyarlos en cuanto esté a nuestro alcance, para suavizar sus dolores morales y físicos. (2) Elaborar nuestro propio plan de comportamiento hacia los descendientes y jamás contramarcarles cicatrices imborrables; serles responsables, respetuosos y ejemplarizantes, ser su orgullo y refugio, aun siendo viejecitos; que nuestra presencia les resulte grata (que se peleen porque pasemos con ellos las Navidades) y que cuando nos marchemos nos lloren con cariño. Con los particulares, ni se diga, prodigarles el mejor de los tratos.

La clave sería aplicar la Regla de Oro tanto con nuestros ancianos como con nuestros retoños. Servir y dar sin esperar nada a cambio, pues que el Altísimo se encarga de todo.

Queridos adultos mayores: muchas gracias por habernos brindado las características y cualidades físicas y morales de las herencias inmediatas, preponderantes, fijas, atávicas y homocronas. ¡Gracias por regalarnos desde sus facciones físicas y el modito de andar, hasta rasgos, aptitudes e inclinaciones específicas hacia la música, las letras, la mecánica, la agricultura, etcétera. ¡Gracias por ser hombres y mujeres de valor, que aun en el ocaso de sus vidas se fajan por continuar colaborando laboralmente en el progreso de las sociedades, en la prestación de servicios, en consejerías! ¡Gracias a los asilos que tan noblemente han acogido a aquellos que no viven con familiares; esa es su casa y su familia, corazones llenos de historias, bocas cansadas de besos y ojos que lo vieron todo!... Y como dijo San Pablo: “...Si vivimos para Dios vivimos...; sea que vivamos o sea que muramos, del Señor somos”.

Deseo muchas felicidades a los adultos mayores no solo en este mes, sino para siempre.

Tags:

  • adulto mayor
  • porvenir
  • cristianos
  • herencia

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