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Enero: mes del adulto mayor

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Nery de Zaldaña

Nery de Zaldaña

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Enero está dedicado en nuestro país al adulto mayor. Las instituciones y organismos líderes en la temática se vienen preparando con programas y proyectos en favor y beneficio de los viejitos y viejitas, ya sea institucionalizados o no. ¡Felicitaciones y agradecimientos a las personas e entidades que han tenido la fineza de reparar en este segmento de la población! Pero el triple de gratitud y admiración a quienes tienen la sensibilidad de "quebrarse" en su alma ante la beatitud de un anciano, esa personita frágil, delicada, que ni oye ni ve nada bien, que come poquito, que duerme menos, que está prácticamente en calidad de bulto para los demás, porque lo ponen en donde quieren, lo visten y lo peinan como se hace con un niño tierno.

¡Ah! –diría una viejita brava y rencorosa–. Ese viejo, ahí donde usted lo ve, calladote y apangado, ha sido un demonio. No quebró un plato, ¡quebró ollas, cacerolas y todo cuanto tuvo enfrente!

Bueno, todos somos y actuamos en el circo de la vida, según la función y según el son que nos toquen. Actuamos según la educación, principios, valores y circunstancias. Reaccionamos intempestiva o calmadamente al calor de los estímulos, la inexperiencia que trae locura y estupidez, algunas veces por maldad, y lo peor: con conciencia.

Desde temprano de la mañana, al mediodía y aun iniciando la tarde de la vida, el ser humano se dedica a "sembrar". Toda siembra irremediablemente genera frutos. Muchos de los ancianos que van dejando los últimos jirones de su ser por las caminos de la vida, sencillamente van recogiendo bellotas quemadas, vainas sin grano, frutos engusanados, provenientes del pobre, seco y quemado árbol que ellos son; porque jamás se procuraron el abono de la responsabilidad hacia sus hijitos a quienes dejaron abandonados cuando eran chiquititos; les faltó el agua de la generosidad, de cultivarse, de ser árbol de sombra, frutos y nidos; y en su postrimería sencillamente son árbol seco bueno para el fuego. Vivieron para beber, para vidas licenciosas... ¡Y si hablamos de mujeres, también fueron licenciosas, abortadoras y maltratadoras de sus hijos; prefirieron a un hombre que a sus niños; los abandonaron aunque fuera con la madre de ellas, cuando los niños necesitan la singular figura de su madre a su lado!

Ni modo, hoy ya ni llorar es bueno. El pasado ya pasó, no hay retrocesos; el futuro es incierto (y para los ancianos, peor) y el presente es eso: un presente, un regalo que Dios nos da para ver si aunque sea ahora podemos aprovecharlo para la reivindicación del arrepentimiento, pedir perdón, resarcir (si aún se pudiera) y pedirle perdón a la vida por haberle quedado debiendo.

Los viejitos son encantadores. Ayudémosles, acompañémoslos en su soledad... Pero mi mensaje es para los demás: Pensemos que un día seremos viejitos. Ni sembremos mal en la juventud, ni marginemos ahora a los mayores; mejor califiquemos sus aportes, su carácter, su amistad. Probablemente si aún se rebuscan entre "tanta juventud" como la de ustedes, seguro es por necesidad. Atrás vienen arreando: o morimos jóvenes o seremos viejos. Hay una ley que ampara a los viejitos; pero en realidad lo más lindo es el cumplimiento alegre y voluntario del deber y no la obligación. ¿Queremos tener una buena vejez? Sembremos bonito y bueno y tendremos ídem frutos. ¿Ya somos viejitos? Seamos agradables.

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