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Enfermedades respiratorias

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José Afane

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Después de las enfermedades cardiovasculares, y los derrames cerebrales, los salvadoreños padecemos de enfermedades respiratorias. Este mal no solo afecta a fumadores, y a los que pasan aspirando el humo de la cocina de leña.

La causa principal de bronquios contaminados es el humo de los buses que respiramos. Nuestras calles están abarrotadas de buses viejos que dejan cortinas de humo negro a su paso, sobre todo cuando pasan chiflando la vieja con el escape. No le queda de otra al transeúnte que hacer el golpe con diésel quemado.

Me gustaría saber si el MINSAL tiene definido el costo anual que le representa tratar las enfermedades respiratorias. ¿Ha pensado el MINSAL aplicar un tipo de co-pago a fumadores con estas enfermedades? Sería bueno, pues no es justo que los fumadores dejen sin medicamentos a otros pacientes. Sabemos que dejar el maldito vicio del tabaco no es fácil, por lo que los fumadores debían contar con apoyo gubernamental, como parches de nicotina y cigarros electrónicos.

Para controlar el humo que respiramos, sugiero legislar que los escapes, incluyendo los de las Coasters, se extiendan a la parte superior de las unidades. De esta forma, el golpe de humo negro no apuntaría a nuestras narices.

También sugiero prohibir buses que esperen llenar sus unidades con el motor encendido. Es común ver 7 buses estacionados, y solo un par con pasajeros, todos quemando diésel.

¿Y los buses viejos? ¡Fuera! Se ha hablado del tema desde que tengo uso de razón, pero la argolla de los buseros no se ha podido amansar. Ante el incremento de enfermedades respiratorias, esta medida no podemos postergar.

La contaminación no solo proviene del diésel mal quemado de buses urbanos y camiones. Los carros congestionados nos regalan vaporadas de humo que respirar. Y ante el crecimiento del parque vehicular, no se ve la luz al final de la trabazón.

Tampoco podemos postergar la construcción de más pasos a desnivel, como en Luceiro, desengavetar el proyecto del anillo periférico, y reemplazar el SITRAMSS por un metro. Sería la solución ideal, siempre y cuando sea subterráneo o aéreo, pues nuestras estrechas calles son trampas para carros en circulación. Esta obra reduciría el tráfico en un 30 %.

El dióxido de carbono, que escupen los automotores, es el principal contaminante del aire que respiramos. Hace ratos rebasamos los niveles permitidos. La ley debe aplicarse con todo su peso. Si un busero, o conductor particular, maneja un vehículo que escupe chorros de humo nocivo, deberían ser multados.

La apuesta en otras latitudes es cero emisiones. Esto gracias a tecnologías modernas que reducen el aire contaminante. Estamos muy lejos para lograr este ideal, pero por algo hay que empezar.

Otra idea es crear más conciencia sobre este problema. Nada funciona mejor que colocar sensores de smog en las principales ciudades. Animo a los alcaldes de las principales ciudades a hacerlo.

Además, debemos crear conciencia ecológica. Necesitamos fomentar la forestación urbana para neutralizar el concreto, regular la temperatura y filtrar el humo.

El llamado es a unirnos, ciudadanos y gobierno, para limpiar el aire que respiramos; para un basta ya a las ascendentes enfermedades respiratorias. Es hora de frenar, y no continuar acelerando semejante mal.

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