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Enseñar a leer la realidad: la gran tarea de la escuela salvadoreña

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Ricardo Bracamonte

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Aprender a leer la realidad debe ser el trabajo permanente de la escuela con sus estudiantes. En cualquier nivel, grado, asignatura o momento de la clase.

El aprendizaje desde la realidad, podríamos afirmar, que derivaría en una auténtica felicidad del niño o del joven que asiste regularmente a un centro escolar, sencillamente porque es desde y en la realidad donde cobran significado los aprendizajes.

Si ese aprendizaje de la realidad es sistemático y ordenado seguramente habremos construido un camino idóneo para el éxito del futuro ciudadano.

La verdad es que solo basta que el maestro salvadoreño cumpla lo plasmado en los programas de estudio: En el programa de Educación Inicial y Parvularia, por ejemplo, el MINEDUCYT indica que la experimentación con objetos y diferentes materiales permite a los niños observar y descubrir un conocimiento de los elementos de la realidad desde una perspectiva integradora que conjuga los procesos sensoriales, emocionales, motores y afectivos.

El programa de Ciencias dice que aplicar procedimientos científicos facilita al estudiante una mejor comprensión de la naturaleza de la ciencia y la actividad científica como una acción humana.

En matemática: El enfoque de la asignatura va dirigido a resolver problemas en los ámbitos científicos, técnicos, sociales y de la vida cotidiana y son contundentes al afirmar que los aprendizajes se vuelven significativos desde el momento que son para la vida, más que un simple requisito de promoción.

En Sociales: Los conocimientos se organizan en función de las necesidades de los educandos, sin dejar a un lado la rigurosidad y coherencia conceptual, para construir una escala de valores que les permita comprender, analizar y transformar la realidad.

También el programa de lenguaje y literatura indica que la meta del aprendizaje es que los estudiantes aprendan a comunicarse con eficacia y eficiencia en una variedad de situaciones comunicativas de su medio ambiente.

Esta necesidad de aprender a leer la realidad viene desde siempre; por ejemplo, en la Edad Media, el doctor de la Iglesia, geógrafo y químico Alberto Magno manifiesta que la naturaleza y la realidad son un libro para leer, del cual podemos aprender siempre, e hizo ver la importancia de las interrelaciones entre los diferentes componentes de la realidad: "Todo nos habla o nos hace referencia a todo".

El asunto es que no solo podemos aprender de ella, sino que, en definitiva, vamos hacia ella en cualquier proceso de aprendizaje, en cualquier profesión. La realidad siempre es nuestra fuente y también el punto de llegada de todo nuestro quehacer; por lo tanto, lo mejor es conocerla y si la escuela nos enseña a conocerla de manera sistemática, mucho mejor.

Una lectura atenta de la realidad nos ayuda a encarnarla, sintonizar con su latido, intuir sus ritmos y masticarla hasta digerirla. En definitiva, sentirnos parte de esa realidad, escribió el poeta mexicano Javier Bustamante, en su artículo "El arte de leer la realidad".

Si en cada asignatura, el docente parte de la realidad y luego encamina al estudiante a que la conozca y lo oriente hacia su transformación responsable, hemos dado un enorme paso por mejorar la calidad de lo que se aprende en la escuela.

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