Enseñar y aprender

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Los docentes profesan el grato oficio de enseñar...; y dependiendo del nivel educativo, el enseñar y aprender es un asunto crucial de la humanidad. En efecto, aprendemos para crecer, mejorar, socializar, humanizar o como lo señalara el informe Delors de la UNESCO (1996): la misión de la educación es aprender a conocer, a hacer, a ser y a convivir.

Más allá de los enunciados generales educativos y de la teoría pedagógica y didáctica contemporánea, uno se pregunta si los maestros de Parvularia, Básica, Media y Superior, están al tanto de los procesos cognitivos, si saben cómo y para qué enseñar y si tienen clara evidencia de los cambios que están generando en sus estudiantes. Vale aclarar que una cosa es dar clase y poner notas, y otra muy distinta es enseñar y aprender...

Superando las fronteras de los “conectivistas” y las modas del “constructivismo”, los docentes deberían tener un conocimiento sólido de la “Sinaptogénesis”, desde aspectos fisiológicos hasta funcionales; al menos saber cómo funciona el cerebro, ya que desde y hacia ahí se trabaja. De poco sirve conocer las teorías –o los nombres– de Piaget, Vygotzki y Coll de aprendizaje constructivo, sistemas colectivos, ecosistemas, entornos de aprendizaje, etcétera.

La formación del docente actual no solo debe incorporar el avance neurocientífico, sino también el debate entre las “inteligencias múltiples” de Gardner y la “inteligencia emocional” de Goleman. En la actualidad ya no solo preguntamos ¿cómo aprender?, sino ¿cómo aprender mejor? y que cada quién descubra su potencial humano (Design Thinking).

Los docentes actuales deberían de contar con la información que proporcionan las neuroimágenes, tomografías, resonancias magnéticas, etcétera para comprender cómo vamos aprendiendo, cómo memorizamos, cómo administramos el dolor, el placer, el recuerdo, los estímulos, cómo nos comunicamos, etcétera; asimismo, el docente actual debe saber que su pedagogía cambia –literalmente– la estructura física del cerebro de sus estudiantes, y dada la naturaleza de nuestro aparato sensitivo y cerebral hay contenidos que se aprenden mejor con memorización, otros con experiencia, involucramiento, relacionamiento, contexto, etcétera.

El aprender es un proceso –químico y eléctrico– de administrar información para saber cuándo utilizarla en la vida; recibimos información a través de los sentidos, pero no toda la información llega –por filtros y sobrecargas–, el cerebro discrimina y almacena, e intervienen las emociones a la hora de decidir qué hacer o por qué optar para la toma de decisiones. En algunos debido al estrés –Cortisol– el funcionamiento neuronal se deprime en lóbulos prefrontales (estudiantes con estrés por problemas familiares, violencia, etcétera, son propensos al fracaso escolar). Un buen aprendizaje debe captar la atención de la amígdala (y el interés del estudiante) a través de la novedad y creatividad. Sin olvidar que la amígdala también administra el enojo y el hipocampo los recuerdos. Finalmente debemos recordar que niños con déficit de zinc, hierro, vitamina B y proteínas –según estudios USC, 2005– afectaron el aprendizaje y el comportamiento normal en escuelas.

El docente tiene que tener claro el funcionamiento general de los mapas mentales en los individuos a la hora de planificar sus contenidos curriculares: Jerarquía (lógica), Interpretación (posibilidades y experiencias), Asociación (otras fuentes) y capacidad de comprensión (dependiendo de las 9 inteligencias múltiples).

Con todo lo anterior no pretendemos docentes especializados en neurología o neurociencias, mas sí bien informados, y con la capacidad de sentirse competentes en el campo en el cual trabajan. Recientemente el destacado científico hondureño y decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Honduras, doctor Marco Tulio Medina, nos visitó y dio una cátedra sobre la importancia de conocer cómo funciona nuestro cerebro como primer paso para enfrentar la violencia en las escuelas. Definitivamente, cualquier reforma o transformación necesita docentes con vocación y competentes.

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