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Entendámonos, pues

Cuando uno observa lo que pasa en el ambiente nacional, lo primero que salta a la vista es la insistencia en una conflictividad que está fuera de toda razón.
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Es como si los salvadoreños estuviéramos poseídos por una especie de fatalidad histórica que no nos deja practicar la armonía como ejercicio natural de convivencia. Al plantearle esta percepción a un amigo muy dado a los cuestionamientos provocadores, me preguntó sin preámbulos: “¿Y entonces cómo es que fue posible llegar al entendimiento que cuajó en el Acuerdo de Paz?” Esperaba –siempre espero– esa pregunta. “Bueno, quizás porque la realidad tiene razones que la tradición no entiende”. Y es que la realidad, aunque con frecuencia no lo parezca, es imaginativa por excelencia, y saca a relucir su imaginación creadora cada vez que es necesario. Y cuando los salvadoreños emprendimos la travesía democrática apelamos a una realidad diferente a todas las anteriores: la realidad de la convivencia sin hegemonías absorbentes. En esa tarea estamos, pese a todos los desvíos y extravíos que nos mantienen en vilo constante. Entonces es la misma realidad la que hace la pregunta: “¿Cómo quieren que yo los entienda si ustedes no se entienden?” Entendámonos, pues, porque esa es la única forma en que la realidad nos tomará en cuenta.

Tags:

  • realidad
  • acuerdos
  • dialogo

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