Entre delfines y ballenas

Sucede a menudo, que los lugares donde existen estas rutas turísticas los menos beneficiados son los lugareños que deberían ser los verdaderos actores del desarrollo.
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Encontrarse con una ballena en su hábitat natural es para mucha gente una experiencia inolvidable. Estos gigantes del mar o sus “primos” más pequeños los delfines son seres inteligentes y curiosos que nos hace sentir de nuevo la conexión que tenemos con la naturaleza y que muchas veces olvidamos debido a nuestra vida tan agitada.

El encuentro con estas especies conocidas como cetáceos refresca nuestra mente y brinda un alto beneficio recreacional, satisfaciendo de esta manera una necesidad humana universal.

Probablemente es por esto que el turismo de avistamiento de ballenas se ha vuelto una industria con un crecimiento explosivo en todo el mundo con casi garantía de éxito económico.

El Salvador posee un potencial moderado para el desarrollo del avistamiento de cetáceos. Estos se encuentran presentes, pero la actividad tendrá que ser desarrollada con el ojo puesto en crear un producto turístico único, para competir con otras localidades en la región.

Recientemente tuve la oportunidad de hacer un recorrido por Los Cóbanos, sin duda una de las playas más representativas del hermoso litoral salvadoreño. Ilusionados de ver ballenas y delfines regresamos con las cámaras vacías, logrando captar la imagen de una llanta flotando en el mar y una tortuga marina en avanzado proceso de descomposición, al parecer atada al fondo del mar para atraer al turista ingenuo que a ciegas cree en estos paquetes turísticos.

De esta forma, nuestro país difícilmente podrá ser parte de una industria novedosa que hoy en día traslada a más de 10 millones de turistas al año alrededor del mundo para hacer avistamiento de ballenas y que mueve miles de millones de dólares, beneficiando a más de 500 comunidades costeras en unos 100 países en donde América Latina no es la excepción.

Ahora con la cabeza fría y los pies en la tierra hago la reflexión de que este tipo de actividades deben ser reguladas, pues no se puede andar persiguiendo a las ballenas y sacarlas de su hábitat natural, como sucede acá. De esa forma los animales se espantan y no se dejan avistar; por otro lado, no se puede vender paquetes turísticos que no cumplirán las expectativas. Es por eso que el turismo sostenible sigue siendo un desafío, es decir, cómo hacer que las personas que habitan en esas comunidades sean parte de la actividad y no solo de unos pocos.

Sucede a menudo, que los lugares donde existen estas rutas turísticas los menos beneficiados son los lugareños que deberían ser los verdaderos actores del desarrollo.

La playa de Los Cóbanos es sin duda uno de los lugares emblemáticos en este país. ¿Quién no recuerda un paseo por los corales, una buena comida de ostras, o un coctel de abulón, que es una especie con altos poderes afrodisiacos de acuerdo con los rumores que ser recogen en el lugar?

Ahora, con el auge del turismo de avistamiento de ballenas o cetáceos, se deben tomar medidas que lastimosamente no se están cumpliendo, una de ellas tan sencilla como no andar persiguiendo a estos animales en el mar.

El llamado es entonces para las autoridades del Ministerio de Medio Ambiente, para que hagan cumplir con las normativas que regulen entre otras cosas el avistamiento de cetáceos; que al hacerlo de manera inadecuada causan severos daños al ecosistema.

También será necesario revisar el régimen de transferencia de áreas naturales protegidas a terceros que pueden llegar a comprometer el equilibrio de estos ecosistemas.

Asimismo, invito a los operadores de turismo para que no se aprovechen de la oportunidad que ofrece un puñado de turistas incautos que creen en los paquetes que se ofrecen sin ningún tipo de cuestionamiento. De lo contrario, aparte de ahuyentar a la ballenas y delfines por el acercamiento y la persecución, también ahuyentarán a la “gallina de los huevos de oro” y con ello se alejarán del tan anhelado desarrollo sostenible que todos buscamos.

Tags:

  • hace sentir
  • nuestra mente
  • crecimiento

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