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Entre demagogia y populismo

La hipótesis de este artículo es que el centralismo (concentración del poder público en pocas manos y de la actividad económica en la ciudad capital) requiere de la demagogia para que la población acepte pagar más impuesto a cambio de una menor calidad de vida.
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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Prueba de ello es que el Estado salvadoreño ha ido cediendo el control territorial a grupos delincuenciales en los 14 departamentos y es incapaz de garantizarles la vida y la integridad física y moral a los habitantes.

Lo inexplicable de esta situación es que el poder económico y político siga sin entenderla ni dimensionarla. Esta cerrazón ha posibilitado que el crimen tenga de rodillas al país y hace que la desesperación de la gente favorezca el surgimiento del populismo. Este riesgo es alto y podría estarse escondiendo detrás de la propaganda electoral (hay fuerzas que pretenden impedir la separación de poderes y la contraloría ciudadana). Es decir, la espiral delincuencial puede abrirle la puerta al populismo por medio de un nuevo centralismo y del abuso de la fuerza pública.

Por otra parte, el rechazo de los gobernados a la clase política (politicofobia) contribuye –paradójicamente– al abstencionismo electoral, lo que posibilita que las cúpulas partidarias acaparen el poder. Conviene, entonces, generar una cultura democrática. A continuación se presentan varias características de la demagogia y el populismo para que los ciudadanos no se dejen engañar por aquellos candidatos y plataformas electorales que buscan su apoyo a través de la mentira, la palabra engañosa y la realidad virtual.

Característica 1. La demagogia invoca las emociones y sentimientos de los electores para ganar su apoyo. Esta es una práctica de los políticos que despierta las pasiones y acentúa los miedos de los ciudadanos para atraer sus votos. La demagogia deteriora la calidad de la democracia.

Característica 2. Los demagogos llegan al poder por despertar algún tipo de sentimiento en los ciudadanos. No ganan por su oferta electoral o plan de trabajo. Los demagogos captan la atención de los electores, logran sus votos –por medio de falacias– y alcanzan el poder público.

Característica 3. El populismo le ofrece al pueblo alcanzar el poder y enfrenta a los grupos dominantes. Se vale del resentimiento social (odio) e invita a la gente a rechazar el statu quo, lo cual suele crear nuevas élites corruptas. El populismo destruye la democracia.

Característica 4. El populismo proyecta la idea de buscar el bien común, pero su verdadera intención es acaparar el poder público (sin importar el Estado de derecho). Aprovecha las crisis para movilizar a las masas e ilusionarlas con propuestas atractivas pero inviables.

Conclusión: demagogia no es igual a populismo. Los expertos lo dicen así: “todo populista es un demagogo, pero no todo demagogo es un populista”. El populista usa la retórica del demagogo para alcanzar el poder a nombre del pueblo. Lo crítico es que el populismo acaba con las libertades y la democracia. Afortunadamente, un número creciente de salvadoreños no quiere ni demagogia ni populismo. La clave está en que la ciudadanía levante su voz constructivamente y apoye activamente los liderazgos democráticos a nivel municipal, legislativo y presidencial.

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