Lo más visto

Más de Opinión

Entre dos opciones

La comunidad internacional está siendo estremecida por la corriente antiinmigrante, nacionalista y populista.
Enlace copiado
Entre dos opciones

Entre dos opciones

Entre dos opciones

Entre dos opciones

Enlace copiado
El Salvador está siendo sacudido por el deterioro de las finanzas públicas, la penetración del crimen organizado y la violencia delincuencial. Estas dos tendencias están generando ansiedad en miles de salvadoreños y tendrán múltiples efectos en una sociedad que viene desangrándose, desintegrándose y polarizándose desde hace varias décadas.

La historia contemporánea salvadoreña da valiosas lecciones, las cuales hacen que un alto porcentaje de compatriotas rechacen la idea de que sus problemas se van a solucionar con las siguientes elecciones y el próximo gobierno. Cada día hay más conciudadanos que no están dispuestos a seguir depositando el destino del país en manos únicamente de los gobernantes; es decir, cada vez hay menos connacionales que piensan que “papá gobierno” va a solucionar sus problemas cotidianos. La hipótesis dominante es que la consolidación del sistema democrático de libertades depende en gran medida de la participación y acción ciudadana.

Hoy en día, un número creciente de jóvenes y adultos son conscientes de lo absurdo que es suponer que personas llenas de odio y resentimiento social puedan conducir al país hacia la democracia y el desarrollo sostenible. Cada vez hay menos salvadoreños que se ilusionan o dejan engañar con cantos de sirena (fantasías ideológicas) y dispuestos a seguir pagando más impuestos sin recibir mejores servicios públicos y sin rendición de cuentas. En otras palabras, la ciudadanía está despertando y los dirigentes partidarios y gubernamentales están en aprietos.

En este contexto, enrumbar al país hacia la democracia y el desarrollo sostenible requiere de tres tareas básicas: (1) abordar las causas determinantes de la violencia delincuencial y masiva emigración, (2) priorizar la educación de calidad, y (3) fomentar la tolerancia y el diálogo colaborativo. Por ello, gobernantes y gobernados deben decidir entre dos opciones.

Opción A. Consolidar la “securocracia”. Partiendo de que la seguridad pública es una obligación inherente al Estado y que los partidos políticos atraviesan por una profunda crisis de credibilidad, la seguridad pública se ha convertido en un medio efectivo para legitimar al poder oficial. Ello hace que la seguridad pública domine el quehacer estatal y la opinión pública, y sirva para perpetuar el centralismo y el involucramiento de la Fuerza Armada en este campo.

Opción B. Cimentar la democracia. Esto exige aplicar la ley (investigación, persecución y castigo del delito), respetar los derechos políticos de los ciudadanos y ampliar las oportunidades educativas y laborales de los jóvenes en los catorce departamentos. Avanzar en esta dirección implica rescatar la escuela pública y regenerar el tejido social local. En pocas palabras, esta alternativa significa decidir entre contratar más profesores, psicólogos y trabajadores sociales o contratar más policías y soldados.

Conclusión: la seguridad pública domina el quehacer gubernamental y la opinión pública, y legitima al poder oficial en momentos en que los partidos políticos atraviesan por una crisis de credibilidad. Otro hecho que favorece la “securocracia” es que la seguridad se ha convertido en un gran negocio (el sector privado gasta más de $600 millones anuales en este rubro y hay más agentes de seguridad privada que miembros de la PNC). Este fenómeno político-institucional hace que los salvadoreños se encuentren entre dos opciones discordantes: (1) securocracia, o (2) democracia.

Tags:

  • migracion
  • crimen organizado
  • crisis fiscal
  • seguridad
  • democracia

Lee también

Comentarios