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Entre el temor y el desaliento (y II)

Pavimentando el camino. Hace un cuarto de siglo, estábamos en la antesala de la paz y muchos veíamos en ella el inicio de una transformación radical de nuestro país.
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Entre el temor y el desaliento (y II)

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El signo distintivo sería un crecimiento robusto y sostenido con equidad, la armonía social y una institucionalidad democrática consolidada. Eran tiempos de regocijo y esperanza y en nuestra imagen objetivo mirábamos a El Salvador dando constantemente saltos de calidad para acercarse progresivamente, con visión compartida, a los países emergentes...

Sería una aberración imperdonable negar los cambios que ha experimentado el país durante todos estos años, como ingenuidad hubiera sido pensar que nuestro sistema político, económico y social quedaría inmune. Pero igual aspirábamos a la construcción de una sociedad cualitativamente distinta, no la que vemos ahora, con una economía virtualmente estacada y a la zaga de la región, un conflicto armado sustituido por una guerra social y una cohesión social desplazada por una polarización y brotes de violencia auspiciados por el gobierno de turno.

En retrospectiva, sigo pensando que la situación actual, traumatizante, desde cualquier punto de vista, tiene un problema de origen. Nuestro error consistió en hacer del Acuerdo de Paz un fin en sí mismo y no el primer paso para emprender un largo camino, sin duda lleno de obstáculos, pero en todo caso, el más prometedor para alcanzar la meta ambicionada. Y en esto, todos somos responsables, así sea por acción u omisión, aunque ha sido el estamento político el artífice de la profundización de los problemas que nos han perseguido desde siempre. Unos y otros se atrincheraron alrededor de viejos paradigmas, a despecho de lo que se esperaba como consecuencia de la caída del muro de Berlín, al menos en la dosificación del fundamentalismo ideológico.

Si los veinte años que ARENA estuvo en el poder dejaron muchos vacíos en casi todos los órdenes, los siete años y medio de gobiernos del FMLN los han profundizado y ampliado, llevándolos a niveles incompatibles con los presupuestos fundamentales de Chapultepec. Ciertamente el virtual estancamiento de la economía no se inició con el señor Funes, pero este no solo no se preocupó por corregir los errores garrafales del partido de derecha en ese plano, sino que nos dejó con un país mucho más comprometido con la justicia, la sanidad fiscal, la seguridad ciudadana y la institución de la presidencia, si es que se puede llamar así, totalmente prostituida no solo por sus excesos personales, sino también por el saqueo del erario nacional y su presumible participación en delitos más graves. Por supuesto, sus dos antecesores no pueden cubrirse con un manto de pureza.

Pero el autoritarismo que se ha enseñoreado durante la gestión del FMLN sin duda es la más clara expresión de su hipocresía, su cinismo, su desfachatez. ¿O acaso no fue este uno de los argumentos para hacer la guerra, como también lo fue la inequidad social y la corrupción, el Leith motive de su aventura belicista? Hasta el momento, su comportamiento también plagado de inmundicias no solo se ve reflejado en el doble estándar que manejan frente al “imperio”, pues mientras algunos dirigentes arremeten hasta contra su representante esconden la mano izquierda cuando se presentan en Washington como pedigüeños.

La última trastada del gobierno en torno al salario mínimo y la igualmente irresponsable presión para que se le aprobara un presupuesto “mentiroso” constituyen una señal más de que el país sigue resquebrajándose sin remedio. Peor aún, al no poder lidiar con los problemas que él y su partido han creado, se ensañan cínicamente con terceros al mejor estilo chavista. Y todo esto, para dar paso a un ambiente que solo presagia ingobernabilidad. Así, para muchos, la conmemoración del XXV aniversario del Acuerdo de Paz pierde mucho significado. Para la mayoría, simplemente significará una remembranza triste de lo que pudo haber sido y no fue, alimentando más el desaliento colectivo. El contexto interno y externo así lo sugieren.

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