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Entre lamentos y ofensas

Llegó por fin el día “D”. Entre lamentos y ofensas, miles de compatriotas radicados en Estados Unidos, sus familiares y El Salvador entero han amanecido expectantes ante la decisión que tomen las autoridades de ese país, sobre quienes un día fueron en busca del sueño americano y hoy se encuentran ansiosos esperando cuál será su destino.
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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Es cierto, desde siempre se han mantenido en vilo –pero sin perder una pequeña luz de esperanza–; sin embargo, hoy en día, cuando lo único seguro es lo impredecible, la incertidumbre se transforma en pesadilla.

Valoramos los esfuerzos de la cancillería para acudir a todos los niveles gubernamentales, sociedad civil, iglesias y otras instancias sensibles al drama humano que generaría una expulsión masiva de compatriotas. Por lo que ha trascendido, todos están a favor de nuestra causa; aún más, mediante encuestas, la mayoría se inclina por un estatus permanente para los indocumentados que han sido respetuosos de las leyes estadounidenses. Frente a ello, los ataques contra el “imperio” no cesan, mientras el gobierno y altos dirigentes del partido –seguramente con una fuerte dosis de provocación– cada vez más dan muestras de pleitesía, obediencia y veneración hacia el régimen tiránico venezolano.

Así, las diatribas constantes de las que se lamenta la embajadora Manes se transforman en una expresión maniquea de la historia, donde el enemigo a destruir es el capitalismo, para encaminarnos por la senda de un paraíso inexistente. Sus protagonistas, en sus extravíos mentales alimentados por una ideología caduca, actúan con cabeza de dinosaurios pero disfrutan como reyes su estilo del “buen vivir”. Su consigna “yankees go home” –que lleva la impronta del odio– la apartan del término xenofóbico convencional para disfrazar los beneficios que también ellos reciben del país que tanto repudian.

Sería una ingenuidad pensar que las relaciones entre países se rigen solo por propósitos nobles, pero es una hipocresía descomunal buscar enemigos gratuitos en aquellos que siempre nos han echado la mano. Los constantes llamados de la embajadora de Estados Unidos a la transparencia, la unión de esfuerzos y la tolerancia –que han encontrado eco en otras representaciones diplomáticas de verdaderas democracias– los interpreta la mayoría como una exhortación a que los salvadoreños seamos más conscientes de nuestros propios desafíos y que la ayuda que le brindan al país, se ponga al servicio de todos y especialmente de los más vulnerables. Esto no puede catalogarse como una injerencia malsana.

Pero sus detractores ahora le exigen cínicamente que se pronuncie sobre el destino de los migrantes, cuando hasta un medio letrado sabe que eso no depende de ella. De lo que seguramente sí está enterada es de que las ofensas contra su país y su gestión no han caído en saco roto.

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