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Entre las medidas extraordinarias propuestas está la lucha frontal contra la extorsión, que es un cáncer que está corroyendo al sistema

Al irles secando las fuentes de ingresos, y específicamente los provenientes de la extorsión, los delincuentes irán perdiendo fuerza hasta hacer insostenible su presencia activa en el terreno. Por ahí hay que avanzar de manera consistente.
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Hemos venido señalando con insistencia que si no se ataca a fondo la plaga de la extorsión vamos camino de desarticular todos los mecanismos que sostienen la vida productiva del país. Y hemos sostenido también cuantas veces ha sido necesario que si bien la racha persistente de homicidios violentos gana el protagonismo noticioso en el ambiente, es la práctica expansiva de la extorsión el mal más grave que nos aqueja, porque implica directamente un trastorno social que cada vez se profundiza más, haciendo que las bases normales del funcionamiento colectivo vayan quedando en el aire, y eso porque dicha práctica no sólo quebranta las estructuras de la ley, sino que vulnera gravemente los principios básicos de la vida en sociedad.

Es determinante que se emprenda la estrategia directamente dirigida a quitarle al crimen sus fuentes de sostén económico, porque ahí está la clave del progresivo desmantelamiento de sus estructuras que operan en red en el ambiente. La extorsión es, sin duda una de ellas, de seguro la más amplia y decisiva, y que además genera una serie de perversiones sociales en cadena, porque el hecho de que la delincuencia pueda vivir del trabajo de la ciudadanía honrada incita a muchos a seguir el malsano ejemplo, que, como decimos en el título de este Editorial, es un cáncer metastásico que va corroyendo al sistema.

Cuando se da un fenómeno de criminalidad y de inseguridad como el que padecemos en el país, las mismas fuerzas que lo mueven y lo aprovechan se encargan de generar todas las distorsiones posibles para desviar la atención sobre lo que verdaderamente ocurre. En el caso nuestro, la racha homicida, que desde luego es un factor escalofriante que toca las fibras más sensibles del tejido social, tiende a restarle relieve en la opinión cotidiana a fenómenos como la extorsión, cuyo impacto sobre la vida social y económica es tan devastador.

En la lucha contra esta forma de delincuencia tienen que jugar un papel determinante la investigación criminal y la inteligencia policial, que pueden contar con una gran cantidad de insumos sobre el accionar de los extorsionistas en el terreno, ya que en las comunidades se tiene fácilmente identificados a los que se dedican a actividades criminales de diversa índole, y no es posible que esto escape al conocimiento de las autoridades respectivas. La denuncia de las víctimas siempre será insuficiente, porque los mecanismos de acoso y de intimidación que utilizan los delincuentes pesan demasiado sobre los ciudadanos atemorizados e indefensos, que sólo en una muy escasa proporción se animan a acudir al amparo legal.

Perseguir los fondos y los bienes que produce la extorsión, en la cuantía que sea, constituye sin duda un factor determinante del éxito que pueda ir teniendo el accionar de la ley. Al irles secando las fuentes de ingresos, y específicamente los provenientes de la extorsión, los delincuentes irán perdiendo fuerza hasta hacer insostenible su presencia activa en el terreno. Por ahí hay que avanzar de manera consistente.

Ojalá que esta lucha sea no sólo eficaz sino continua, hasta lograr, en algún momento del cercano futuro, la erradicación del mal. Sólo limpiando el terreno es factible habilitarlo para una convivencia normal.

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  • extorsiones
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