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¡Entre menos medicinas, mucho mejor!

Los médicos deben tratar de recetar menos medicamentos y de minimizar su uso. Muchos pacientes reciben innecesariamente numerosos medicamentos, por mucho tiempo, en dosis altas y sufriendo de efectos indeseables.
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Comenzando en escuela de medicina y continuando en la residencia y más allá, a los médicos nos enseñan a recetar medicinas. Profesor Ranit Mishori, de Georgetown University, señala que nos enseñan qué medicinas son mejores para diferentes enfermedades; qué antibiótico es mejor para tal infección; cuáles son las dosis apropiadas; cuál es la mejor ruta y frecuencia para administrarlos; cuáles son los efectos secundarios; medicinas y dosis para niños. Existe mucho que aprender y debemos mantenernos al día, recordar viejos y nuevos medicamentos, nombres genéricos, marcas, advertencias, etc.

Profesor Mishori agrega que raramente nos enseñan cómo y cuándo suspender un medicamento. Hacerlo no es tan simple como decir “pare esta medicina”. Suspenderlo tiene su propio proceso, que requiere habilidad clínica del médico. Habilidad que no es enseñada y apenas es estudiada.

Muy pocos medicamentos deben ser utilizados para siempre y todos tienen el potencial de causar daño. Algunos efectos indeseables incluyen la adicción –especialmente con opiáceos y algunos medicamentos para ansiedad e insomnio. Reducir estos medicamentos debe ser gradual. Tomar medicamentos para la acidez estomacal y por más de las dos semanas recomendadas, acarrea riesgo de neumonías, infecciones intestinales, fractura de huesos y deficiencia de vitamina B-12.

¿Por qué es un problema? En primer lugar, medicinas son químicos que pueden interactuar unos con otros, potencialmente causando todo tipo de complicaciones que pueden ser no aparentes. En segundo lugar, el envejecimiento hace que hígado y riñones sean menos eficientes en procesar medicamentos. Esto hace que medicinas se mantengan en el cuerpo por más tiempo, aumentando sus efectos deseables e indeseables. El uso de muchas medicinas contribuye a más hospitalizaciones, fatalidades y mayores costos. Muchos pacientes equivocadamente creen que “entre más cara la medicina, mejor es el efecto”.

Estudios reportan que casi uno de cada cinco pacientes mayor de 60 años toma entre cinco o más medicinas. Sin embargo, casi 90 % de estos pacientes estaría dispuesto a descontinuar una o varias medicinas, si el médico lo recomendara.

¿Qué pueden hacer los médicos? En primer lugar, deben apreciar la magnitud del problema, daño potencial de muchas medicinas y reconocer que existen normas profesionales que “empujan” a recetar. También deben abandonar prácticas rutinarias. Pacientes frecuentemente expresan: “El doctor me dijo que continuara con las mismas medicinas que he estado tomando” y superar el temor de causar daño por descontinuar medicinas. Ciertamente, muchas medicinas (por ejemplo, medicamentos para depresión, presión arterial alta y esteroides) deben reducirse gradualmente. También deben reconocer que están tratando al paciente, no la enfermedad. Esto significa qué recetar y cuándo, tomando en cuenta edad del paciente, condiciones de salud y sobrevivencia.

Algunos medicamentos candidatos para reducirlos o descontinuarlos que requieren de juicio clínico incluyen:

Medicinas antiinflamatorias: motrin, advil, indocin, celebrex, voltaren para mencionar algunas, pueden dañar riñones y sistema gastrointestinal.

Benzodiazepinas para ansiedad: estas pueden contribuir al deterioro de memoria, problemas respiratorios, delirio, caídas y otros accidentes.

Estatinas contra el colesterol pueden causar problemas musculares, deterioro de diabetes, memoria e interactuar con otros medicamentos. Dado que los beneficios de estatinas son a largo plazo, estas son innecesarias para ancianos.

Antidepresivos tricíclicos. Estos no son recomendados para ancianos. Efectos indeseables incluyen bajar presión arterial (que contribuye a caídas y fracturas), arritmias cardiacas, dificultad para orinar, sequedad bucal y estreñimiento.

Es importante familiarizarse con medicinas que requieren atención especial. Cómo reducirlas eficientemente y con menor posibilidad de daño continúa siendo difícil. Existen más incentivos para recetar medicinas que para descontinuarlas. El médico debe dedicarle tiempo suficiente a pacientes para vigilar la reacción cuando un medicamento es descontinuado.
 

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