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Envejecer sin panza

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José Afane - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Con el pasar de los años, nuestro cuerpo sufre un tipo de metamorfosis negativa. Solo las fotos viejas evidencian cabelleras frondosas, pieles estiradas, cuerpos en forma y dientes blancos. Los pantalones que, érase una vez, tallaban perfecto, de repente aprietan tanto que nos sentimos como chorizo mal amarrado. La decadencia va más allá de lo que se ve: nuestra presión arterial, frecuencia cardíaca, niveles de colesterol, el PSA, entre otros, suben y bajan, y nos convierten en clientes frecuentes de la farmacia.

¿Qué se hizo nuestro insaciable apetito sexual? ¡Víctima de la gravedad! Y lo triste es que su esposa ya se dio cuenta de que no puede, y comparte el chambre con sus amigas, ¡qué achicada! Bienvenido a la vejez, realidad de la vida en la que su cuerpo pierde la habilidad de producir la misma cantidad de testosterona que en sus años mozos (a los 60 produce 60 % menos testosterona que a los 20). Como consecuencia, sus músculos se encogen, la grasa corporal aumenta, el six pack se convierte en barril, logra una erección solo con diamante azul, sus hormonas se vuelven locas.

¡Atención! Es posible frenar semejante decadencia y locura hormonal, visitando a su urólogo, vigilando lo que se traga, y ejercitando su cuerpo todos los días. El ejercicio, sobre todo el de resistencia (levantar pesas), ayuda a los mayores de 50 a evitar la decadencia, y estimula la secreción de testosterona, néctar de la juventud masculina. Entre más testosterona, más musculatura, más potencia, huesos más fuertes, más cabello, mejor tono de voz, mayor apetito sexual y menos panza.

El bajo nivel de testosterona no es la única razón por la que engordamos al envejecer. También tiene que ver lo que masticamos y chupamos. Seguir tragando a los 60 como lo hacíamos a los 20 es receta nefasta. El metabolismo de un viejo se vuelve lento; el alcohol, rico en calorías muertas, se metaboliza en el hígado, lo cual no solo acelera la acumulación de grasa, culpable de la panza de bolo, sino que provoca gomas perras.

Existen 2 tipos de grasa: la subcutánea y la abdominal. Esta última está relacionada con enfermedades cardíacas, hepáticas, cáncer, diabetes, y baja testosterona. Entre más grasa abdominal, menos insulina, el químico primario del metabolismo. Cuando falta insulina, aparece la diabetes.

Toda una metamorfosis negativa que requiere de mucha disciplina para evitar que se convierta en un círculo vicioso cuyo destino prematuro es el cementerio. Prolongue su vida poniéndole coco a sus hábitos, y evitando que su panza le dé sombra a ya sabe qué.

Tags:

  • envejecer
  • testosterona
  • ejercicio
  • metabolismo
  • grasa
  • insulina

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