Loading...

Epidemia y pandemia, círculo vicioso

La nación se enteró de la vinculación del abogado que hace las veces de fiscal general con la empresa Alba Petróleos, a la que el ministerio público le tiene abierta una investigación por lavado; de los negocios del ministro de Salud en el marco de la crisis sanitaria, censurables desde el punto de vista ético además de que una proveedora de su cartera es nada menos que su socio; y de como un nutrido grupo de coroneles de la Fuerza Armada está pidiendo la baja ante la desnaturalización y pérdida de profesionalismo de la institución.

Enlace copiado
Epidemia y pandemia, círculo vicioso

Epidemia y pandemia, círculo vicioso

Enlace copiado

El alcance y la profundidad de la pandemia y de la epidemia quedan progresivamente más claras: el covid-19 mantiene su presión sobre el sistema nacional de salud mientras que la corrupción encuentra generoso hábitat en el cogobierno de GANA con Nuevas Ideas.

Sobre la pandemia, debemos aceptar que a la nación le ha faltado disciplina; la relajación de las medidas es proporcional al avance en el plan de vacunación pese a que las indicaciones gubernamentales y de especialistas de la comunidad médica son inequívocas al respecto. Una persona inmunizada puede contagiar la enfermedad, la doble dosis previene la hospitalización en la mayoría de los casos, no que la persona pueda ser vector en la propagación del virus. Y a esa deficiencia en la comprensión de la enfermedad hay que añadir el riesgo del periodo vacacional.

Los casos se dispararon hasta los 300 nuevos por día luego de las fiestas de Navidad y Fin de Año; entre julio y agosto el país está sufriendo por tercera vez un repunte que ya roza esas cifras de hace ocho meses, con el agravante de que la vacuna genera la apuntada sensación de seguridad entre la población. En ese sentido, fue poco conveniente que el Ministerio de Salud mantuviera durante días una narrativa de zozobra para luego anunciar unas medidas ambiguas, mismas que luego el presidente matizó hasta volverlas inocuas. Si quieres alertar al país acerca del riesgo de rebrote y concientizarlo sobre uso de mascarilla y distanciamiento, la imagen de los estadios de fútbol abiertos al público no puede ser más contraproducente.

De la epidemia, la de corrupción, falta de transparencia, nepotismo y conflicto de intereses, hay que reconocer que el Estado salvadoreño las ha padecido de modo endémico, y que el debilitamiento de los contrapesos institucionales como resultado de la prevalencia electoral de Bukele y sus peones ha tenido el efecto de unos esteroides sobre un músculo. En una misma semana, la nación se enteró de la vinculación del abogado que hace las veces de fiscal general con la empresa Alba Petróleos, a la que el ministerio público le tiene abierta una investigación por lavado; de los negocios del ministro de Salud en el marco de la crisis sanitaria, censurables desde el punto de vista ético además de que una proveedora de su cartera es nada menos que su socia; y de como un nutrido grupo de coroneles de la Fuerza Armada está pidiendo la baja ante la desnaturalización y pérdida de profesionalismo de la institución.

El presidente no ha salido a decir absolutamente nada de estos asuntos; ese silencio cuando los indicios de que algo apesta en el funcionamiento del Estado son tan potentes, debe considerarse una falta a sus deberes. Pero no hay tiempo ni voluntad de rendirle cuentas a los ciudadanos, la mayoría de ellos electores suyos, que le confiaron la administración de la cosa pública para que combatiera esas prácticas, no para que las sofisticara o peor aún que las repitiera a la luz de la nación, alentado por la impunidad que le garantiza un órgano judicial castrado.

Pandemia y epidemia; El Salvador confía en salir al menos de una este quinquenio pero para cualquiera de esos efectos se necesita de una ciudadanía consciente, disciplinada e informada. Que así sea.

Tags:

Lee también

Comentarios

Newsletter
X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines