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Es clave que la lucha contra la impunidad y contra la corrupción se siga fortaleciendo en el plano institucional

Seguimos subrayando la trascendencia que tiene la elección del 3 de febrero, ya que lo que realmente está en juego es la suerte de nuestro desenvolvimiento como nación en el presente y en el futuro.

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Por efecto directo de la dinámica evolutiva que va siguiendo nuestro proceso nacional, en los tiempos más recientes se han dado destapes de corrupción en los más altos niveles de la gestión pública con los correspondientes procesamientos judiciales, que han desembocado en condenas sin precedentes de funcionarios de las cúpulas del gobierno, incluyendo Presidentes de la República. Esto no se había visto nunca en nuestro medio, y es un fenómeno de normalidad democrática que afianza el imperio de la ley e impulsa la credibilidad en el desempeño de los entes institucionales correspondientes. En ese orden, las actuaciones de la Sala de lo Constitucional que recién concluyó su gestión y del Fiscal General de la República que está por concluir la suya se han vuelto ejemplares y ejemplarizantes.

En tal sentido, lo que hoy se está esperando y demandando es que la dinámica transformadora de las prácticas tradicionales no sólo se mantenga sino que se profundice y se amplíe. Hace muy poco, y luego de un forcejeo partidario que duró en la Asamblea Legislativa muchos meses en los que hubo un vacío de alto riesgo en la justicia constitucional, fueron elegidos los miembros de la Sala que estaban pendientes; dicha elección resultó por fin bastante alentadora, y es de confiar en que el trabajo de la nueva Sala, con las particularidades que son normales, continúe en la línea de la independencia responsable y de la valentía constructiva, todo ello en función de consolidar cada vez más el Estado de Derecho.

Ahora viene la elección del Fiscal General, que tendrá que estar concretada antes del 6 de enero próximo. Como en este caso también se requiere de mayoría calificada en el seno de la Asamblea Legislativa, los ejercicios de fuerza entre los partidos representados han estado a la orden del día. Hay ahora una corriente que apoya la reelección del actual Fiscal, que ha ganado mucho respeto y credibilidad por la forma en que ha ejercido su función, que es tan delicada y expuesta; y dicha corriente parece contar con la fuerza suficiente para definir la decisión final, aunque en situaciones como esta nunca se puede asegurar nada hasta el último minuto.

Lo que hay que garantizar, en casos como los mencionados y en otros que irán presentándose cuando lleguen los momentos correspondientes, es que todo lo que se vaya decidiendo responda de manera clara y enfática a los intereses del bien común y no a cualquier otro interés sectorial o de grupo, como ha ocurrido persistentemente a lo largo del tiempo. En esta línea no se puede ceder ni un centímetro, porque cualquier desviación es un ataque directo al proceso nacional.

Por todo lo anterior seguimos subrayando la trascendencia que tiene la elección del 3 de febrero, ya que lo que realmente está en juego es la suerte de nuestro desenvolvimiento como nación en el presente y en el futuro. Hay que apostarle con fuerza y con determinación al fortalecimiento de la unidad nacional, porque sólo por medio de ella El Salvador podrá enfilar sus energías históricas hacia el progreso integral.

Tenemos confianza en el proceder inteligente de la ciudadanía, tal como se ha demostrado de manera reiterada en las contingencias más adversas. Ahora de lo que se trata es de visionar el avance con valor y con firmeza.

Tags:

  • corrupción
  • fiscal general de la República
  • Estado de Derecho
  • mayoría calificada
  • bien común
  • 3 de febrero

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