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Es clave que las próximas elecciones tengan credibilidad plena y verificable

Hoy más que nunca, dadas las circunstancias que prevalecen en el país, se hace imperioso que los resultados electorales de los eventos que están a las puertas merezcan la confianza tanto institucional como ciudadana.

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Los procesos electorales se han venido volviendo cada vez más complejos en el país por efecto de disposiciones y de resoluciones que están destinadas a asegurar el buen manejo y la transparencia de los mismos, pero que a la vez generan dificultades en la puesta en práctica, como vemos en lo que se refiere al voto cruzado, a la composición de los entes electorales de base y a la campaña de educación cívica que sirva para orientar a la población votante. Y es que aunque varias de las novedades aludidas tienen ya un tiempo razonable de haber sido decididas no se han generado paralelamente los flujos de recursos que la modernización exige ni se han tomado las providencias administrativas que estén a tono con lo que debe ser el desempeño electoral actual.

En las elecciones legislativas y municipales de 2015 hubo muchas irregularidades en el manejo concreto de las mismas, en áreas como la tecnología y el desempeño de las Juntas Receptoras de Votos en lo tocante a la elaboración de las actas y al desarrollo del escrutinio final. Esto provocó que hubiera muchas dudas sobre la limpieza de los comicios y sobre el proceder de las entidades involucradas. En un ejercicio analítico sobre dichas elecciones, el Departamento de Estudios Políticos (DEP) de FUSADES encontró diez áreas problemáticas, cuyas deficiencias aún no han sido claramente tratadas, y eso mantiene vivas las incertidumbres y las reservas sobre lo que podría ocurrir en los eventos por venir.

Las reacciones que se manifiestan desde los más altos niveles de la autoridad máxima en temas electorales, que es el Tribunal Supremo Electoral, están con frecuencia marcadas por las fidelidades o por las conexiones políticas, lo cual contribuye a que la credibilidad en la limpieza del proceso esté en constante cuestionamiento. Y cuando las sospechas y los señalamientos se van multiplicando es el proceso nacional el que recibe los efectos contaminadores adversos. Hoy más que nunca, dadas las circunstancias que prevalecen en el país, se hace imperioso que los resultados electorales de los eventos que están a las puertas merezcan la confianza tanto institucional como ciudadana, porque eso hará posible que la democracia pueda seguir desenvolviéndose en forma positiva.

Es cierto que al Tribunal Supremo Electoral no se le concedieron a tiempo los fondos solicitados para cumplir con todos los requisitos de un evento como el que está próximo, sobre todo tomando en cuenta que el proceso tiene hoy nuevos retos orgánicos y procedimentales; sin embargo, habría que hacer todo lo posible para que nada quede en el aire, porque las consecuencias no se harían esperar.

De aquí al 4 de marzo de 2018, día de los comicios, hay que mover todos los resortes disponibles para asegurar un buen evento, sobre todo de cara a la ciudadanía participante y expectante. Si todo sale razonablemente bien, como esperamos, se dará una señal de verdadero estímulo para el país en general, independientemente de cuáles sean las decisiones concretas de la ciudadanía electora. Lo más importante de todo es que haya transparencia y eficiencia, porque de ahí vendrá la confianza, que es el efecto más benéfico.

Sigamos con minuciosa atención el devenir de los acontecimientos en los escasos meses que faltan, y no hay que dejar pasar nada que pueda alterar la normalidad del proceso.

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