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Es de suma importancia mantener en pie una línea de acción positiva para que nuestro progreso avance sustancialmente

Nuestro compromiso como nación y como sociedad tiene que ser una apuesta de presente con vocación de futuro.

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Como se sabe por experiencia reiterada al máximo y sin desvíos en todos los tiempos y latitudes, los resultados políticos y socioeconómicos nunca se dan por generación espontánea: es preciso siempre activar dinamismos adecuadamente planificados y eficazmente concretados para ir viendo los frutos de dicho accionar. En tal sentido, lo primero que tendríamos que hacer en nuestro país es dedicarnos a planificar de la manera más responsable posible, poniendo a la vez en práctica una línea de trabajo que permita integrar esfuerzos y dinamizar posibilidades de logros constructivos. A lo largo de la década que está por concluir nuestra economía se ha mantenido inmersa en una modorra de algo riesgo, y eso justamente es lo que hoy se debe revertir, para que El Salvador pueda recuperar su rol de avanzada, que fue el característico durante largo tiempo.

Las perspectivas apuntan hacia una dinamización muy prometedora, sobre todo porque ahora se están juntando un empeño gubernamental de nuevo estilo y una actitud ciudadana que se hace sentir en la línea de la esperanza. Todavía no hay nada definitivo, porque se trata de un nuevo enfoque de la evolución, pero las señales más fuertes apuntan hacia adelante, en busca del progreso que podría venir si esas señales se mantienen y se consolidan.

El Banco Mundial, hace muy poco, expresó un "optimismo prudente" sobre el desenvolvimiento de la economía salvadoreña, a partir de la expectativa de inversiones nuevas provenientes de fuentes diversas. Se está dando un giro aperturista en consonancia con las condiciones que se abren en el plano global, y esto hay que administrarlo con la inteligencia y con la responsabilidad que corresponden, sobre todo porque se trata de una experiencia novedosa para nosotros. El viaje presidencial al Oriente es una muestra de ello, y en particular los ofrecimientos de apoyo e inversión por parte de la República Popular China son un aporte que hay que manejar con toda la transparencia que se requiere, pero reconociendo que estas son las vías del relacionamiento actual.

Por otra parte, y en el mismo plano, nuestros vínculos tradicionales con Estados Unidos no sólo deben ser mantenidos sino potenciados cada vez más. En este orden, el Secretario de Estado estadounidense ha dicho que la relación entre El Salvador y la gran nación del Norte es más fuerte en las actuales circunstancias, afirmando que "ayudaremos a los salvadoreños a tener éxito y construir su propio gran país". Los signos que prevalecen en las circunstancias presentes son, pues, muy alentadores, y hay que seguir profundizándolos en los hechos, para que El Salvador en su conjunto vaya cosechando los frutos de su buena y actualizada visión.

Cuando el Secretario Pompeo manifiesta la voluntad de ayudar para que los salvadoreños tengamos éxito está puntualizando un objetivo verdaderamente superior: el éxito tal como debe ser considerado en estos tiempos de transición evolutiva en todos los planos. Los salvadoreños, en verdad, tenemos que concienciarnos cada vez más de que el éxito al que hoy debemos aspirar es el que permite desarrollar todas nuestras posibilidades; es decir, no un éxito de momento sino un éxito en proyección permanente.

A la luz de las realidades que se van manifestando en el día a día, aquí y en todas partes, nuestro compromiso como nación y como sociedad tiene que ser una apuesta de presente con vocación de futuro.

Aprovechemos al máximo las aperturas que se nos ofrecen tanto interna como externamente, en función del bien común y del beneficio nacional. Este es momento de audacia bien cronometrada y bien administrada.

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