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¿Es el consumismo el que nos lleva a la práctica del soborno?

Casi en todos los estudios e investigaciones desarrollados para conocer acerca del estilo de vida de los salvadoreños, hay una conclusión constante derivada de estos, la cual es: las personas gastan más de sus ingresos; observamos que en muchos hogares salvadoreños predomina el afán de escalar posiciones sociales, muchas veces a costa de un inoportuno nivel de endeudamiento.
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Un porcentaje, que supera el 50 % de la población, tiene por regla el vivir para hoy sin pensar en el mañana, y el joven piensa llegar a los 30 a 40 años de vida, dado los niveles de inseguridad; también, otro grueso poblacional de jóvenes tiene claro que al nomás cumplir los 16 o 17 años se lo van a llevar para EUA.

Estos datos confrontan una realidad diaria para muchos, que por diversas influencias, anhelan pertenecer a grupos sociales, sobre la base del materialismo. La vida diaria o mundana se basa en consumir y de valer más por lo que se tiene que por los principios y valores de rectitud moral. En El Salvador, basta con ver las estadísticas económicas para saber que la mayor cuantía del dinero circulante se invierte en consumo.

Una de las entradas monetarias más fuertes son las remesas familiares, cuyo destino es la compra de productos de consumo. Para el papa Francisco, la mundanidad es el enemigo. En esa atmósfera de pérdida de valores, ausencia de moralidad, excesivo pago de impuestos, inseguridad y violencia, alto costo de la vida, falta de oportunidades, polarización social, etcétera, es bien tentador caer en la práctica de la deshonestidad. En esta prevalece la actitud de tomar el camino más corto y cómodo para “ganarse” la vida; entre más personas tengan dicha actitud y se celebre colectivamente premiar al deshonesto, acompañado de una estructura de impunidad legal, cada vez más estaremos dando por aceptado, socialmente, el soborno y la corrupción.

Muchos salvadoreños llevamos los alimentos a nuestros hogares, pagamos los servicios, brindamos techo, educamos y vestimos a nuestras familias, mediante el trabajo honesto. Sin embargo, hay otra cantidad de salvadoreños, los cuales están absorbidos por el consumismo, que prefieren, a costa de ser deshonestos, vivir por encima de sus posibilidades económicas, garantizando el ingreso familiar por la vía del soborno, tanto el que lo ofrece como el que lo recibe. Ponen como prioridad la posesión de bienes materiales y transmiten a sus hijos dicha forma de vida.

El anhelo de querer tener lo que otros tienen, un buen auto, hijos estudiando en los mejores colegios, una casa grande, una vida rodeada de lujos, es una influencia directa y diaria, para que muchos pierdan la dignidad y comiencen, quizá con un pequeño soborno, después otro y así, sucesivamente, hasta que se vuelve hábito.

La cantidad de dinero que se destina al soborno y corrupción es sumamente onerosa, de varios millones de millones de dólares, que se destinan a bolsillos individuales, en lugar de ser utilizados en mejoras a la salud, seguridad, creación de empleos, educación, en fin, al bienestar de la población. Todos estamos expuestos al consumismo, es una realidad, pero también todos tenemos la opción de elegir el estilo de vida que queremos tener, de acuerdo con nuestras posibilidades y de buscar las oportunidades de mejorar practicando la honestidad en la vida, de trabajar como se debe trabajar.

Hagamos conciencia, en nuestros legisladores, para que incidan en ejecutar leyes en contra de la deshonestidad, en todas sus facetas, principalmente la práctica del soborno.

Tags:

  • consumismo
  • soborno
  • deshonestidad
  • corrupcion

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