Es el todo, no las partes

“Las partes solas no funcionan. La receta común es hacer crecer la economía para empleos, prevención de la violencia. Se necesitan inversionistas que confíen en el país, lograr un pacto fiscal, reducir y racionalizar el gasto, rendición de cuentas, transparencia...”.
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El momento está lleno de señales diferentes no coincidentes que confunden, decepcionan y hacen ver el panorama muy sombrío. De vez en cuando hay alguna luz como los inicios de diálogos. Ya van varios con diferentes resultados, esperamos que el recién iniciado con ANEP dé buenos resultados.

Es como si estuviéramos leyendo un libro de esos en los que el escritor juega con varios tiempos, temas, personas y espacios simultáneamente, sin que haya a la vista un hilo conductor.

No se comprende o adivina en qué terminará la historia, si muere el personaje principal, si lo que aparenta ser la trama principal se mantiene o cambia. No es algo surrealista sino de diferentes planos que parecieran no conectados haciéndose presente al mismo tiempo.

La novela tiene sentido cuando todos los planos finalmente coinciden y los tiempos se emparejan. Algo así sucede en el país, al hablar de resolver los problemas: funcionarios hablan de una de las partes sugeridas por el FMI y otros dispersos. Pero eso no funciona, un automóvil no camina si solo tiene las ruedas o solo el motor... y así.

Las recomendaciones del FMI y todos los diagnósticos sensatos, incluyendo algunas instancias del gobierno, coinciden en la necesidad de crecer económicamente por varios años para varios fines, creación de empleos que adicionalmente a contribuir al bienestar de la población es una de las recetas para las medidas de prevención de la violencia. Los jóvenes con empleo se mantienen más fácilmente lejos del ocio y las tentaciones de ingresar a pandillas.

El crecimiento de la economía sirve también para recaudar más impuestos sin necesidad de subir las tasas ni crear nuevos. En caso sea necesario de crear nuevos, debe tratarse de que no distorsionen la economía ni desincentiven al inversionista potencial.

Para que la economía crezca es necesario que haya inversiones, que haya inversionistas dispuestos a arriesgar su dinero en una empresa o proyecto en el país, que el nivel de confianza en que las reglas no cambian y las instituciones funcionan sea alto.

Por ejemplo, que no se tema que en cualquier momento el Ejecutivo y el Legislativo inventan una medida no contemplada antes, perjudicial, probablemente por los argumentos equivocados.

El ejemplo más visible y en la palestra es la probable confiscación de las pensiones privadas, una grosería mayor, o la alteración de comisiones de las manejadoras de pensiones, una menor.

Los inversionistas extranjeros en CRECER, suramericanos, y en CONFIA, hondureños, solamente pueden hablar de lo que viven y eso desincentiva a extranjeros y salvadoreños a invertir aquí.

Hilando en un plano diferente, pero simultáneo, vemos a funcionarios, a políticos y a gente mal informada, reprochar a inversionistas salvadoreños por invertir en otros países que ofrecen seguridades, incentivos, tienen menos violencia y menores costos de operar en esa economía.

La pregunta es: ¿dónde pondrían ellos su propio dinero poco o más? En un lugar más seguro o en uno más inseguro?

Volviendo a que las recomendaciones del FMI son como el carro, camina completo, o como el tratamiento médico al enfermo, si le recetan 4 o 5 cosas diferentes, medicinas, buena alimentación, aire sano, no fumar y dejar el alcohol excesivo que lo ha vuelto un alcohólico, no puede curarse decidiendo solamente tomar algunas de las medicinas y respirar aire sano. El tratamiento debe seguirse completo.

Es el caso de gente del gobierno que habla de subir impuestos al patrimonio, impuesto que desincentiva la inversión, sin tomar en cuenta las importantísimas medidas de bajar el gasto, racionalizarlo, hacer un pacto fiscal amplio, subir el IVA compartiendo el costo político con todos si hace el pacto. Las partes solas no sirven, debe adoptarse el todo.

Tratemos de poner todos los planos y tiempos coincidiendo, reconociendo las diferencias irreconciliables, pero siendo pragmáticos adoptando en consenso lo urgente, lo importante, lo impostergable.

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  • inversionistas
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