Es en vano

Consideramos que en nuestro terruño las promesas políticas son palabras a las cuales se las lleva el viento; significan contratos verbales de difícil cumplimiento por no tener la obligatoriedad de lo escrito. Y aunque esto se diera, es necesaria mucha fuerza legal para imprimirles efectividad. Basta escudriñar un poco para que surjan los ejemplos y las vivencias de lo afirmado, mayormente en lo contemporáneo: el quehacer político es como campo minado o arena movediza, sin predictibilidad ni conciencia, del cual la ciudadanía está exhausta por sus posiciones irresponsables, de echar culpas al pasado y no enfrentar el presente con soluciones.
Enlace copiado
Enlace copiado
Iniciamos nuestro enfoque con una palabra de mucha trascendencia, popular en los foros, de aplicación ansiada por todos, pero insustancial en la agenda de los políticos. Ella es la austeridad. Los ejemplos del día a día la despojan del pragmatismo que es en verdad su esencia.

En el aparato institucional, notamos su ineficacia. Como muestra inicial el Órgano Ejecutivo, sin ánimo restrictivo en sus partidas asignadas, comenzó el año con un acto manirroto: anunció la creación de nuevas plazas, en contradicción a una prometida austeridad y a que debe existir justificada razón para las contrataciones. Y, qué decir de los repetitivos gastos de la Asamblea Legislativa; otro año de lo mismo. Todos están conscientes de que deben suprimirse tantos privilegios, mas siempre caen en la tentación del despilfarro; aunque este año existen voces, especialmente del sector opositor, que exigen revertir este mal mensaje a la población. Esta conducta irreflexiva se extiende a muchos aspectos, siendo el más emblemático estructurar un presupuesto sin recursos suficientes para la cobertura de todo el ciclo.

Existen problemas que se abordan cada año, pero no se remedian o atenúan, como la restricción de artefactos pirotécnicos. El inicio de 2017 era la ocasión propicia para suprimir, gradualmente su manufactura y buscar alternativas para los fabricantes (en buen número clandestinos). Que esta tradición quede en manos de conocedores de su manipulación y solo como espectáculo. Las autoridades fácilmente olvidan el costo humano y médico de esta costumbre riesgosa. Grábense las cifras de cierre de 2016: 174 personas quemadas. A esa cadena de aspectos incumplidos se suman los accidentes de tránsito. Como muestra de esa lenidad en la aplicación de sanciones, desde 2012 duerme una gestión para incrementarlas a través de reforma a la Ley de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial. Asimismo urgen leyes equitativas e incluyentes para los empresarios de buses. De momento es un gran negocio para una minoría. En cuanto a los derechohabientes del sistema médico y pensionados, la dura realidad es que sufren marginación. Aglutinados en un bloque, al estilo sindicato, podrían frenar desatenciones y, lo prestacional, lograr por fin un incremento en las pensiones. Crecen los salarios, aumenta la canasta básica y ese costo de la vida no es aplicable a ellos.

Vanamente, los funcionarios desoyen las recomendaciones de instituciones nacionales y de fuera, de transparentar el gasto público y detener la corrupción. El sector productivo e inversor, sin incentivos y presionado por exigencias generadas con poca transparencia, desacelera su desarrollo al no encontrar sincero diálogo y certidumbre.

Mientras no lleguen los correctivos esperados, seguirá reinando esa frase repetida por la ciudadanía: ¡Es en vano!
 

Tags:

  • austeridad
  • despilfarro
  • Transporte Terrestre
  • pensionados

Lee también

Comentarios

Newsletter