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Es esencial para asegurar resultados sostenibles que haya planificación con disciplina ordenadora

hoy más que nunca se hace preciso e insoslayable que la institucionalidad en pleno vaya poniendo lo suyo, no en forma obediente sino de manera responsable, y que la sociedad sume esfuerzos con positividad crítica pero constructiva, como debe ser.

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Toda la problemática nacional, y muy especialmente en aquellas áreas más vitales y críticas para el buen desenvolvimiento del país en sus variados y diversos órdenes, está ahora mismo mostrando cada vez más señales de urgencia correctiva y remodeladora. Esto tuvo que ver de modo directo con el proceso político que se está viviendo en estas fechas, tal como quedó graficado en los comicios del 4 de marzo de 2018 y del 3 de febrero de 2019.

Se ha hablado y se sigue hablando de que el bipartidismo tradicional ha sufrido golpes devastadores, de que el esquema político imperante hasta hace muy poco sin mayores cuestionamientos está en crisis de fondo y de que hay que impulsar renovaciones internas en las fuerzas partidarias para hacerlas sobrevivir. Todo eso tiene visos de ser verdadero, pero habría que destacar un hecho aún más de fondo: nuestro sistema democrático viene despertando progresivamente de su modorra provocada por la indiferencia y por el predominio de intereses, y a ese despertar hay que dedicarle no sólo atención sino sobre todo vigilancia efectiva y funcional, según manda el realismo puesto en acción.

Las primeras iniciativas de la actual Administración gubernamental están poniendo en evidencia, que puede ser muy orientadora, el hecho de que toda iniciativa, así como cualquier medida que vaya poniéndose en práctica, necesitan una base de planificación que asegure el sostén en el tiempo. Para el caso, en el punto clave del control territorial por parte de la autoridad para contrarrestar y erradicar el poder que ahí ejerce la organización del crimen, y específicamente la fuerza de las pandillas, no sólo hay que desplegar una estrategia permanente y expansiva en el terreno sino ir contando de antemano, y en forma sustancial y sostenida, con todos los recursos tanto humanos como financieros que se requieren para que el trabajo resulte realmente eficaz.

Del mismo modo tienen que irse dando las cosas en los planos del desarrollo local y del desarrollo territorial; y, desde luego, también en lo que corresponde al desarrollo humano y al desarrollo económico. En otras palabras, y sobre la base del tipo de funcionamiento que se va haciendo sentir como línea de trabajo de la gestión en marcha, hoy más que nunca se hace preciso e insoslayable que la institucionalidad en pleno vaya poniendo lo suyo, no en forma obediente sino de manera responsable, y que la sociedad sume esfuerzos con positividad crítica pero constructiva, como debe ser. Y si todo sale como el país y su realidad necesitan y reclaman, no hay duda de que se posibilitará un fortalecimiento creciente de nuestras dinámicas hacia adelante.

Pero hay que destacar, para que las cosas vayan quedando claras en su real sentido, que aquí no se trata de las formas de planificación casi artificial que tuvieron lugar en el pasado: se trata de ir al fondo de las realidades nacionales tal como hoy se presentan y se viven, para, desde ahí, levantar las estrategias eficazmente adecuadas que permitan tratar los problemas como debe ser. Este es el desafío para todos en la coyuntura que estamos viviendo.

Tags:

  • bipartidismo
  • planificación
  • desarrollo
  • institucionalidad
  • estrategias

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