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Es fundamental para el país que se asegure su avance por encima de todas las tensiones que proliferan en el ambiente

Es preciso, entonces, enderezar todas las líneas de conductas hacia las metas de una convivencia verdaderamente pacífica y de un desempeño auténticamente progresista. Hay que inmunizarse conscientemente contra todas las formas de improvisación populista, sean del signo que fueren.

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Cuando se está en una campaña presidencial como la que actualmente se halla en su fase definitiva es esperable y entendible que se aglomeren las ansiedades de todo tipo, sobre todo porque en esta oportunidad la competencia presenta características que no se habían dado antes en el curso de nuestro desarrollo democrático, que emprendió su despliegue allá a comienzos de los años 80 del pasado siglo y que recibió un impulso definitivo con la conclusión política del conflicto bélico interno. Lo más preocupante del momento actual es el posible debilitamiento del esquema partidario establecido, lo cual podría conducir a una situación impredecible, que derive en nuevas y muy peligrosas inseguridades institucionales, con serias amenazas para la estabilidad y la salud del sistema.

Desafortunadamente no ha habido hasta la fecha, en la interioridad de los partidos, el suficiente reconocimiento de lo que la población les está demandando, con lo cual se intensifican en el ánimo ciudadano tanto el descontento como la frustración, que siempre son malos consejeros a la hora de tomar decisiones claves como la que electoralmente tenemos a las puertas.

Por otra parte, dentro de la misma institucionalidad estatal hay una necesidad creciente de establecer ordenamientos verdaderamente confiables en la ruta que el país y su proceso están necesitando con urgencia. En su más reciente encuesta de opinión, realizada hace sólo unos cuantos días, LPG Datos recoge una vez más el pensar y el sentir populares sobre la situación general del país y sobre el rumbo del mismo. Los salvadoreños siguen manifestando, con amplio margen, que el país está mal y que su rumbo es el incorrecto.

En cuanto al estado general de la nación, el 75.3% de los encuestados opina que está mal o muy mal; y en cuanto al rumbo, el 71.5% considera que vamos en rumbo incorrecto. Estos no son datos que se pueden tomar a la ligera, porque si algo incide de manera directa en el estado de cosas es el ánimo con el que éstas se perciban y se conduzcan en todos los órdenes del comportamiento tanto personal como colectivo y ya no digamos gubernamental.

Es preciso, entonces, enderezar las líneas de conducta hacia las metas de una convivencia verdaderamente pacífica y de un desempeño auténticamente progresista. Hay que inmunizarse conscientemente contra todas las formas de improvisación populista, sean del signo que fueren. Lo que los salvadoreños estamos requiriendo, y más en este momento tan decisivo de nuestra evolución, es que se garanticen tanto el predominio de la racionalidad como el imperio de la ley, sin excepciones ni sesgos de ninguna índole.

Tomemos las diversas pruebas que esta coyuntura nos está poniendo en el día a día como un examen general de viabilidad nacional, en el que todos los salvadoreños tenemos un rol y una responsabilidad. No sólo se trata de decidir inteligentemente en las urnas sino, además, de concertar propósitos en la ruta del efectivo desarrollo, a fin de que la gobernabilidad pueda activarse de veras en una atmósfera de confianza sustentada y de interacción real. Hacia ahí tienen que orientarse los esfuerzos institucionales, políticos y sociales.

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  • campaña presidencial
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