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Es fundamental para la normalización del país que el tratamiento de la seguridad vaya teniendo resultados cada vez más firmes

Sólo si la seguridad se hace sentir de veras en el vivir cotidiano de la gente veremos crecer la credibilidad ciudadana que es indispensable para que el sistema pueda funcionar como se debe.
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Como hemos señalado de manera sistemática y con propósito analítico a lo largo de los tiempos más recientes, la problemática de la inseguridad derivada del auge criminal ha venido golpeando cada vez con más fuerza y en forma crecientemente indiscriminada en todos los sentidos y aspectos de nuestra realidad. Aunque el juego de las estadísticas hace que los números cambien con frecuencia como en una ruleta nerviosa a la luz de circunstancias muy específicas, lo verdaderamente cierto es que nadie está seguro en ninguna parte y que las ansiedades ciudadanas circulan por doquier sin que hasta la fecha haya nada que dé confianza suficiente sobre una reversión positiva y comprobable.

Las autoridades gubernamentales muestran, ya en forma rutinaria, muy poca coherencia en el tratamiento de dicha problemática, desde que se dieron las primeras señales del trastorno hasta la fecha; pero la misma complejidad abrumadora de la situación empuja hacia la toma de decisiones y la puesta en práctica de iniciativas que contraataquen a la criminalidad en el terreno de los hechos. Así surgen las “medidas extraordinarias” que han partido con bastante buen pie, aunque está por verse si se logran articular de manera funcional y efectiva para producir los resultados que la población espera y demanda.

Hay que entender que en lo referente a problemáticas tan complejas como ésta no se pueden esperar soluciones a corto plazo: todo depende de la persistencia estratégica y del seguimiento adecuado. Si algo ha sido factor de ineficiencia acumulada ha sido el estar cambiando de enfoques y de tratamientos al vaivén del acontecer político, que siempre es coyunturalista y circunstancial. Tenemos que entrar en razón como sociedad para poder actuar como lo que somos: una unidad de destino que necesita funcionar como tal, moviendo todas las energías de las que la nación organizada dispone para asegurar las distintas expresiones del progreso.

Es claro que sin seguridad básica no hay posibilidades reales de superar los distintos atolladeros en los que estamos atrapados. Si no hay seguridad, todo lo demás queda en el aire, y eso se comprueba a cada instante en el diario vivir de los salvadoreños, sobre todo de aquellos que se mueven en condiciones más precarias. Es por eso que superar el estado actual de cosas en este campo constituye una exigencia que no admite evasivas de ninguna índole.

Ya que se están haciendo esfuerzos intensivos para darle tratamiento eficaz a toda esta problemática es indispensable desplegar mecanismos de verificación que permitan ir aportando datos confiables, de manera periódica, sobre los resultados obtenidos. No opiniones al aire sino comprobaciones sustentadas. Si eso se hace de seguro la población irá ganando confianza en su proceso, que es lo que más se necesita para fortalecer el imperio de la legalidad en el ambiente.

Sólo si la seguridad se hace sentir de veras en el vivir cotidiano de la gente veremos crecer la credibilidad ciudadana que es indispensable para que el sistema pueda funcionar como se debe. Por eso esta tarea tiene que ser asumida como un compromiso vital para la buena marcha del país en todos los sentidos.

Tags:

  • seguridad
  • ciudadania
  • credibilidad
  • violencia

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