Es fundamental que todas las propuestas de solución de los grandes problemas nacionales se activen con estrategias efectivas

Para buena parte de la ciudadanía, que sufre a diario los efectos de la inseguridad en todos los órdenes, hemos llegado a la situación de Estado fallido, y no es posible ni recomendable dejar de lado tal sensación, que responde a lo que se vive en el día a día.
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La realidad nacional se ha venido cargando cada vez más de problemas no resueltos, cuya persistencia hace que la institucionalidad se halle contra la pared y que la ciudadanía esté cada vez más impaciente. Los costos de no hacer las cosas a tiempo y en la forma debida se van acumulando de manera progresiva, y ahora mismo ya no hay otra salida que la de enfrentar todas las problemáticas con premura y a profundidad. Esto requiere decisión, planificación y concertación, ya que está más que sobradamente comprobado por experiencia fehaciente en los hechos que los planes de desarrollo como tales se quedan en el papel si no hay un instrumento operativo que los viabilice y les dé proyección en el tiempo.

En el Plan Quinquenal que el Gobierno actual acaba de presentarle al país se ofrece un Sistema Nacional de Planeación, de amplio alcance institucional y social. No hay que perder de vista que los mecanismos planificadores tradicionales fueron perdiendo credibilidad porque se convirtieron en instrumentos de imposición ideológica o en ejercicios irrelevantes dentro del esquema general de la gestión pública. Pero, desde luego, planificar en serio y con voluntad de darle seguimiento adecuado al trabajo gubernamental constituye una dinámica vital para que la coherencia y la consistencia puedan ser garantizadas.

El país, como entidad nacional en vías de democratización modernizadora, necesita que todos sus componentes humanos y estructurales se pongan en línea con el progreso integral, para ir saliendo de los distintos atolladeros existentes. Esto requiere una estrategia cuya base tiene que ser política, para que sea sostenible en el tiempo. Son, pues, los actores políticos los llamados en primer lugar a sentar las bases del proyecto de nación que ya se hace ineludible. Y esto implica formular una agenda, definir un calendario y establecer mecanismos de seguimiento y de verificación.

Señales como la que se ha dado con las recomendaciones del Consejo de Seguridad Ciudadana y Convivencia, que es un ente multisectorial de amplio espectro, generan expectativas favorables en la ruta de la integración nacional y de la efectividad institucional. Pero, como decíamos antes y como hemos venido reiterando insistentemente, los propósitos y las declaraciones no bastan, pues si no hay resultados realmente comprobables los anuncios acaban volviéndose contraproducentes en el plano de la confianza que es esencial para visualizar y lograr avances concretos en la búsqueda de soluciones que puedan funcionar como tales.

Para buena parte de la ciudadanía, que sufre a diario los efectos de la inseguridad en todos los órdenes, hemos llegado a la situación de Estado fallido, y no es posible ni recomendable dejar de lado tal sensación, que responde a lo que se vive en el día a día. Las autoridades tienen que hacer lo que les corresponde al respecto, para que la ley impere y para que la autoridad se recupere como tal. Y en lo que a la activación económica se refiere, es cada vez más urgente eliminar sesgos ideológicos y trascender intereses inmediatistas, para que el país pueda encaminarse hacia una productividad y una competitividad aseguradas.

Todos tenemos la responsabilidad de apoyar los esfuerzos que conduzcan a una normalidad que nos beneficie en común, y que sea sustentada y sostenible. Y, en lo que a cada quien corresponde, es vital dar los aportes que la misma situación reclama para evolucionar de modo positivo.

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  • plan quinquenal
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