Es hora de reforzar los servicios de reintegración para deportados centroamericanos: ¿Quién es responsable?

...Todos los actores tienen que involucrarse simultáneamente en una lucha contra la violencia y la corrupción que ponen freno al progreso en el Triángulo Norte. Centroamérica no puede resolver estos problemas sola. México y Estados Unidos también tienen un rol importante en la reintegración.
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Es hora de reforzar los servicios de reintegración para deportados centroamericanos: ¿Quién es responsable?

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En los últimos cinco años más de 800 mil personas deportadas por México y Estados Unidos han llegado a El Salvador, Guatemala y Honduras –más de 40 mil de ellos son niños. Los últimos datos sugieren que el ritmo de deportaciones no se detendrá en los próximos años; una realidad que tiene implicaciones importantes para los países de origen.

Los deportados regresan en situaciones peores a las que tenían antes de emigrar: endeudados por las grandes cantidades pagadas a un coyote, frecuentemente con traumas por el viaje, a veces culpados por sus familias por no poder cruzar, estigmatizados por la sociedad como criminales y fracasados y con grandes dificultades para encontrar trabajo.

Como resultado muchos deportados no tienen otra opción más que regresarse e intentar de nuevo, entrando en la puerta giratoria de emigración, deportación y reemigración.

Detener la llamada puerta giratoria y promover la reintegración de los deportados son temas que están cada vez más en la mente de funcionarios en El Salvador, Honduras y Guatemala. Los deportados necesitan dos cosas: a su llegada, necesitan servicios de recepción inmediatos: comida, agua, una llamada telefónica a sus familiares, atención médica, un boleto de autobús para regresar a su hogar, o un lugar seguro para quedarse por unas noches. Los niños necesitan reunificarse con sus familias. Los gobiernos del Triángulo Norte han expandido y abierto nuevos centros de recepción, proporcionando estos servicios básicos a la mayoría de los retornados.

La segunda necesidad de los deportados son servicios de reintegración integrales que les otorgue acceso a educación y capacitación en habilidades laborales, que proporcionen oportunidades de empleo, que les impartan apoyo psicológico y que los protejan de la violencia de la que escaparon al principio. Los programas de reintegración bien diseñados deben enfocarse no solo en los deportados sino en sus familias y comunidades.

Algunos programas ya existen pero estos solo alcanzan a una fracción mínima de deportados. Nuestra investigación para el Instituto de Política Migratoria (MPI) encontró que los programas de reintegración atienden a unas cuantas decenas o cientos de personas comparado con los cientos de miles que los necesitan. Es necesario hacer mucho más.

Hacer frente al reto de la reintegración de deportados es y seguirá siendo una de las tareas más urgentes para Centroamérica. Pero, ¿qué se tiene que hacer, y quién debe hacerlo?

Los países del Triángulo Norte –gobiernos, sector privado y sociedad civil– necesitan invertir más en la reintegración de su gente, reforzando así a sus familias y comunidades. Los tres países necesitan crear agencias gubernamentales con la tarea específica de diseñar políticas de reintegración y asignarles presupuestos realistas para poder cumplir con su misión. Las empresas deben darle a los deportados una oportunidad para rehacer su vida, y nuestras sociedades deben dejar de etiquetarlos como criminales o fracasados.

Las organizaciones de la sociedad civil deben de continuar ofreciendo y apoyando muchos de los servicios que necesitan los deportados. Y todos los actores tienen que involucrarse simultáneamente en una lucha contra la violencia y la corrupción que ponen freno al progreso en el Triángulo Norte y expulsan a su gente.

Centroamérica no puede resolver estos problemas sola. México y Estados Unidos también tienen un rol importante en la reintegración. México puede compartir su experiencia prestando servicios consulares para fortalecer la red de consulados centroamericanos. Más consulados centroamericanos que estén mejor conectados tanto en México como en Estados Unidos podrían luchar por los derechos de los deportados y empezar a proporcionar servicios aun antes de estar de regreso en el Triángulo Norte. Además, México debe de tomar en cuenta la reintegración en sus inversiones en Centroamérica a través del Proyecto Mesoamérica y de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID).

Estados Unidos también tiene responsabilidad hacia la gente que deporta. Incrementar el ya elevado gasto en acciones de control migratorio tendrá pocos resultados si no se cambian las condiciones que causan la emigración. En un giro hacia esa dirección, el Congreso estadounidense aprobó fondos por 750 millones de dólares para apoyar el Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte y hacer frente a los factores que contribuyen a la migración, especialmente de los niños no acompañados.

Los primeros pasos en la dirección correcta están dados. Los servicios de recepción han aumentado pero los servicios de reintegración son aún solo una gota en el océano. Sin voluntad política y constantes inversiones financieras en la reintegración de deportados Centroamericanos, la puerta giratoria de la migración continuará girando.

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(*) Victoria Rietig es analista de políticas del Instituto de Políticas Migratorias (MPI, en inglés) y Rodrigo Domínguez Villegas es consultor para el Grupo de Estudio de la Migración Regional del MPI, que tiene como objetivo desarrollar y promover enfoques eficaces y colaborativos con respecto a la migración y el desarrollo del capital humano de El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Estados Unidos.

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