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Es imperioso tomar acciones realmente significativas para revertir el auge de la violencia en el país

Los planteamientos que sólo enuncian intenciones para ganar simpatías localizadas, que han sido los reiterativos en las campañas anteriores, ya no tienen validez en las condiciones presentes.
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Las cifras de la criminalidad homicida son escalofriantes en el ambiente desde hace ya mucho tiempo; y aunque dichas cifras van y vienen, lo cierto es que nuestro país se halla inmerso en una vorágine de violencia que se manifiesta de múltiples formas y con efectos de variada índole. Esto ya se volvió parte de la cotidianidad de los salvadoreños, y el riesgo más grave de ello es que vaya considerándose como expresión normal de las circunstancias imperantes, con lo cual estaríamos cada vez más atrapados en los círculos escalofriantes de la autodestrucción social. Es imperativo, por consiguiente, emprender una estrategia nacional de amplio y profundo alcance, que vaya a las raíces del fenómeno y que desde ahí emprenda la reconstrucción de los tejidos nacionales que están crecientemente dañados.

La violencia, si no se detiene a tiempo, va generando metástasis aceleradas en el cuerpo social; y eso es lo que estamos viviendo y padeciendo los salvadoreños en nuestros días. Como dramático ejemplo tenemos el crecimiento de los feminicidios, que hoy son una plaga en auge pavoroso. Según datos provenientes de la Policía Nacional Civil, en lo que va del año ya se contabilizan 225 asesinatos de mujeres; y en muchos casos esa violencia homicida tiene orígenes familiares. La convivencia se contamina en forma agresiva con los virus de la conducta violenta. Y esto nos indica que la lucha contra la criminalidad en todas sus formas hay que emprenderla desde los ámbitos más personales y lo más temprano que sea posible. Es la sociedad en general la que viene infectándose de violencia, y ante eso lo único que puede funcionar como mecanismo de corrección y de reconstrucción es el tratamiento integral, que oriente conductas y sanee comportamientos.

Ahora que estamos en campaña presidencial, ya muy cerca de la toma de decisiones populares en las urnas, querríamos tener visualizados con entera claridad las líneas de acción y los proyectos concretos que los distintos aspirantes a conducir al país desde el Ejecutivo durante el quinquenio que se inicia el próximo 1 de junio se comprometen de manera clara y verificable a llevar adelante específicamente en toda esta compleja y agobiante problemática de la violencia y de la inseguridad, desde el primer momento de la gestión. Los planteamientos que sólo enuncian intenciones para ganar simpatías localizadas, que han sido los reiterativos en las campañas anteriores, ya no tienen validez en las condiciones presentes. Hoy, como decíamos, hay que ir al fondo desde ya, para que la ciudadanía pueda tener a su disposición mecanismos que le permitan exigir la rendición de cuentas en cada momento en que sea necesaria.

El auge de la violencia está socavando todas las estructuras sociales y haciendo que las energías positivas del país vayan perdiéndose progresivamente. Es hora de recuperar lo que se pueda y de factibilizar un verdadero cambio de rumbo en éste y en otros puntos que también lo necesitan. La violencia es un cáncer que lo destruye todo, y ante eso no hay evasiva que valga. Todos los salvadoreños, por encima de cualquier diferencia, tenemos que comprometernos en esa lucha, de cuya suerte depende el destino de todos.

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