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Es imposible imaginar un El Salvador estable y próspero si las oportunidades no prevalecen sobre las inseguridades

Hoy la derecha y la izquierda están frente a la necesidad imperiosa e insoslayable de reinventarse a la luz de las realidades nuevas, y hacerlo a tiempo es vital para asegurar la buena marcha del proceso nacional en su conjunto.
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En nuestro país hay una amplia demanda social insatisfecha, que viene haciéndose mayor en la medida que las circunstancias se van volviendo más complejas y limitantes en el ambiente. Este es un fenómeno que caracteriza cada vez más nuestra forma de vida nacional; y en la medida que se retrasan los tratamientos y las soluciones capaces de funcionar de veras en la ruta de revertir los dinamismos negativos que prevalecen, más dificultades se presentan tanto para la sociedad como para la institucionalidad en cualquiera de sus áreas de incidencia.

Lo que se tiene que tomar en cuenta y atender debidamente, en primer término, es el imperativo de potenciar las oportunidades de progreso y de desarrollo, haciendo paralelamente que se vayan desactivando los factores de inseguridad y de inestabilidad, que se han acrecentando de manera persistente en el curso de la posguerra. Y cuando hablamos de progreso y de desarrollo nos referimos a todo lo que ambos términos comprenden, tanto en lo personal como en lo social. No hay que establecer sectorizaciones arbitrarias al respecto. En lo que toca al crecimiento empresarial, para el caso, se trata de que lo haya en todos los niveles, desde la grande hasta la microempresa.

Si se quiere que se produzca una expansión progresiva y sustentada del progreso material es indispensable generar abundancia que sea espontáneamente distribuible a lo largo y a lo ancho del cuerpo social. Es decir, lo que se requiere es un dinamismo de creación efectiva de riqueza, que no sea artificiosamente redistributivo, porque eso a lo que lleva es a la turbulencia fiscal permanente y al abuso político desestabilizador, como está más que comprobado en la cadena de adversidades que asedian a los regímenes populistas del entorno.

La propia dinámica de los tiempos determina la necesidad de superar los reduccionismos ideológicos para entrar de lleno en la consideración pragmática que es propia de los enfoques de avanzada. Tanto en la izquierda como en la derecha hay que modernizar visiones y poner al día proyecciones. Y esto porque lo que en todas partes se evidencia es la caducidad de los esquemas que parecieron ser intocables por tanto tiempo. Hoy la derecha y la izquierda están frente a la necesidad imperiosa e insoslayable de reinventarse a la luz de las realidades nuevas, y hacerlo a tiempo es vital para asegurar la buena marcha del proceso nacional en su conjunto.

No es factible salir adelante de todas las adversidades que nos mantienen en vilo si no se pone coto de manera consistente y permanente a la inseguridad que ha sentado sus reales en el plano de los hechos. Y es una inseguridad que prolifera en múltiples sentidos, hasta configurar lo que hoy padecemos como una red de inseguridades, que van desde la ciudadana hasta la institucional y la económica.

La seguridad se basa en la confianza que deben proveer las instituciones y en el sustento de estabilidad que debe aportar la armonía social. Sin confianza y sin armonía básicas todo lo demás queda en el aire, y los esfuerzos lejos de prosperar lo que producen son anticuerpos que al acumularse van cerrando las salidas hacia el futuro. Tomar la debida conciencia de ello es la primera tarea por emprender en serio.

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  • demanda social
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