Es indispensable sincerar el funcionamiento presupuestario en el país

Sustentar propuestas presupuestarias en previsiones disfrazadas es manteneral sistema institucional en su conjunto en crisis recurrente.
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Desde hace ya bastante tiempo venimos viviendo dentro de una especie de ficción presupuestaria gubernamental, que se complica cada vez más, porque, como es natural cuando se entra en ese tipo de prácticas simuladoras persistentes, la tendencia es a contar con cada vez menos recursos para hacerles frente a los gastos en aumento. El propósito técnico simulador consiste en presentar cada año presupuestos generales presuntamente equilibrados para lograr una aprobación de los mismos por simple mayoría legislativa, dejando la verdadera realidad para irla resolviendo a como se pueda en el curso de la dinámica anual. Por algún tiempo se usó el recurso ingenioso pero no menos perverso de los fideicomisos. Hoy, la ficción está expuesta a su propia intemperie, para decirlo de alguna manera.

El ingreso escasea y el gasto aumenta. ¿Cómo enfrentar ese desajuste permanente? Lo que parece más fácil es el endeudamiento, pero éste, aparte de necesitar acuerdos políticos para formar mayoría calificada en la Asamblea Legislativa, tiene siempre su límite, y en nuestro caso ya se tocó la línea de ese límite. Ya no se vive conforme a la elocuente fórmula “coyol quebrado, coyol comido”: hoy vivimos de prestado, lo cual siempre es una ruta que, de no enderezarse a tiempo, va directamente hacia el desastre. Y esto lo podemos constatar en todas partes, aun en las economías desarrolladas que creyeron que la prosperidad les daba licencia para hacer cualquier cosa sin tener que afrontar las respectivas consecuencias.

En estos días, ha sido motivo de forcejeos, debates y choques frontales el punto del destino de los 400 millones que quedaron disponibles de la emisión de bonos por 800 millones que fue autorizada a finales del pasado año. El Ejecutivo busca que 85 de esos millones se destinen a financiar pago atrasado de subsidios y las elecciones presidenciales venideras. Ahí se han trabado las carretas, porque la discusión se ha vuelto política, como era de esperar por el momento preelectoral que se vive. Pero sin duda el manejo de los asuntos envueltos en la discusión da para muchas reflexiones y opiniones.

Eso de meter en una misma bolsa los subsidios atrasados y las elecciones genera dudas de entrada. En todo caso, surge la pregunta: si ambos eran gastos absolutamente previsibles, ¿por qué no se hicieron las debidas previsiones en el momento oportuno? Es posible esgrimir argumentos puramente técnicos, pero eso no quita que resulte incongruente con la responsabilidad institucional que un tema tan vital, previsible y calendarizado como es el de las elecciones quede expuesto a las tortuosas vicisitudes de la política de acuerdos en tiempo de aguda competencia electoral. Y ahora se ha dado el caso de evidentes contradicciones entre lo que quería recibir el Tribunal Supremo Electoral para los comicios venideros y lo que calcula el Ministerio de Hacienda que debe ser el presupuesto adecuado y suficiente.

Pero más allá de las cuestiones específicas, que evidentemente habrá que resolver, hay una cuestión de fondo, que ya señalábamos al principio: tenemos que pasar a una fase de sinceración presupuestaria inequívoca y superar el maleficio de estar gastando siempre más de lo que realistamente se recibe. Sustentar propuestas presupuestarias en previsiones disfrazadas es mantener al sistema institucional en su conjunto en crisis recurrente.

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  • mayoria legislativa
  • intemperie
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